Toros

Luis Manuel Terrón sobrevive al parque jurásico

La inmensa y dura novillada de El Serrano condicionó el segundo festejo de promoción.

el 05 jul 2013 / 12:19 h.

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Se lidiaron seis novillos de El Serrano, enormes y cuajados; muy astifinos y de dura y molesta movilidad. Resultaron más potables primero y quinto y el resto fueron huesos muy difíciles de roer. Fernando González, de tórtola y oro (Escuela de Amate), silencio en el primero; resultó cogido por el cuarto. Luis Manuel Terrón, de blanco y plata (Escuela de Badajoz), silencio tras aviso y vuelta al ruedo tras petición de trofeo. Manuel Triana, de tabaco negro y oro (Escuela de Sevilla), silencio tras aviso y silencio. Sol casi lleno y menos de media entrada en los tendidos de sombra en noche infernal. Debutó en el palco José Luque Teruel. novilladaLa extrema dureza y la imponente presentación de los erales de El Serrano –de defensas tremendamente astifinas- dio una inesperada dimensión al segundo festejo de promoción del ciclo de noveles. La prueba no admitía fallos y se iba a convertir en una exigente radiografía del verdadero estado de forma y el fondo torero de los tres chicos que se acartelaron ayer en la noche de fuego. La consulta del programa de mano era una apuesta casi segura: “Han puesto a uno de Badajoz, éste el que se llevará el gato al agua…”. La profecía no carecía de fundamento. Los excelentes resultados cosechados por los alumnos de la escuela pacense en los últimos años avalaban el paseíllo –vestido de blanco y plata- de este Terrón que logró sobreponerse a la alcurnia del escenario y, sobre todo, al duro parque jurásico en el que habían convertido ayer la plaza de la Maestranza. Terrón sumó solvencia, valor y sentido de la responsabilidad en una actuación que deparó otras sorpresas. El aspirante extremeño maneja el capote con un personal sentido del temple y la cadencia y las verónicas de recibo al segundo de la tarde interrumpieron las copiosas meriendas de la parroquia. Terrón aún replicó el quite de su compañero Manuel Triana con unas bellas tijerillas que culminaron en un feo desarme. Pero no importó. El chaval salió más que dispuesto con la muleta en la mano para sortear e imponerse a la molesta movilidad de este segundo novillo que se movía a su aire y con la cara muy suelta. Pero lo mejor iba a llegar con el quinto, otro eral de fachada catedralicia que, pese a sus complicaciones, se dejó un poquitín más. El capote volvió a ser un vehículo de belleza y expresión para Terrón, que manejó la muleta con sentido del temple pero sobre todo con una enorme capacidad de mando para meter en la talega a un eral que no regaló ni una embestida boyante. Tuvo cerca la oreja pero eso es lo de menos. Debe contar para la final. El pacense hizo el paseíllo acompañado de dos sevillanos que volvieron a quedar opacados. El utrerano Fernando González, formado en la escuela de Curro Camacho, pasó un indisimulado mal rato en la cara de sus dos novillos: dándose largos paseos con el menos malo y naufragando con el complicadísimo cuarto, que le zurró una impresionante paliza para mandarlo en la enfermería, de la que ya no salió. En esas condiciones ¿le merecía la pena verse anunciado? El tercero en discordia, Manuel Triana, bastante tuvo con solventar sin demasiado estrépito esta dura papeleta. Despachó dos buenos mozos con los que se esforzó a su modo. El quinto, otro pupilo del sindicato del crimen, le llegó a coger de fea manera, afortunadamente sin consecuencias.

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