Local

Luis Navarro, medio siglo de magisterio

Sevillano de nacimiento, Luis Navarro García (1937), actual catedrático emérito de Historia de América en la Universidad de Sevilla, cumple este año medio siglo...

el 15 sep 2009 / 05:20 h.

Sevillano de nacimiento, Luis Navarro García (1937), actual catedrático emérito de Historia de América en la Universidad de Sevilla, cumple este año medio siglo -que se dice pronto- de docencia universitaria, primero en Sevilla, más tarde en Murcia y desde 1970 hasta la actualidad ininterrumpidamente en la Hispalense. Ha dirigido 32 tesis doctorales de estudiantes españoles y extranjeros. Sus alumnos y discípulos forman legión, de los cuales más de una docena desempeñan actividad docente en el ámbito universitario, entre ellos el autor de estas líneas. Recuerdo que, por consejo de nuestro común maestro, el profesor José Antonio Calderón Quijano, preparé bajo su dirección el temario de mis oposiciones a cátedra, que se celebraron a fines de febrero de 1981 en Madrid a escasos metros de donde, por entonces, el coronel Tejero protagonizaba uno de los más bochornosos episodios de nuestra Historia Contemporánea. Mucho de lo que yo he aprendido como docente y como investigador en el campo del americanismo se lo debo al profesor Luis Navarro.

Es autor de un centenar y medio de trabajos de investigación, entre ellos treinta monografías de temática americanista, algunas de ellas auténticos hitos en la historiografía americanista mundial del siglo XX, como es el caso de su estudio sobre el Septentrión Mexicano en el siglo XVIII o algunas aportaciones fundamentales sobre la Historia de Sevilla y su puerto en relación con el mundo americano. Hombre serio y riguroso, exigente consigo mismo, sobrio y austero en su personalidad, pero muy cordial y generoso en el trato con sus amigos, de Luis Navarro yo destacaría dos cualidades como universitario. Primero, su impresionante capacidad de trabajo y su riguroso sentido del cumplimiento del deber en ese difícil día a día, que es el que hace que los países y las sociedades avanzadas progresen. La Universidad fue siempre su casa y su vida, y a ella le dedicó todos sus afanes e ilusiones. Pero también destacaría sus excepcionales dotes como docente: excelente expositor, claro, sistemático, muy didáctico y con los conocimientos siempre puestos al día, como bien lo pueden atestiguar los miles de alumnos -yo entre ellos- que han asistido a sus clases durante estos cincuenta años.

Tuvo reconocimientos a su labor docente e investigadora, en forma de distinciones y nombramientos, por parte de instituciones hispanoamericanas. Pero en esta Sevilla ingrata, veleidosa y difícil, en la que sólo te sacan a hombros cuando ya te han cortado los dos apéndices de la vida, a Luis Navarro no se le ha reconocido públicamente su labor docente e investigadora y su larga y fructífera trayectoria en su lucha por una sociedad más culta, que es la que nos hace también ciudadanos más libres. Conociéndolo bien, sé que Luis Navarro nunca lo ha buscado ni lo ha pretendido. Nuestro antiguo profesor, por su propia austeridad personal, está por encima de todo este mundo de premios, medallas, estatuas y distinciones autonómicas, municipales o universitarias. Él -lo repito- nunca lo pidió. Pero yo espero y pido que se le haga justicia. Tengo la seguridad de que también comparten esta idea todos los que tuvimos la suerte y el honor de ser alumnos suyos. Y, en mi caso, también amigo.

  • 1