Economía

Lujo de oliva

Lavanda, mandarina, pomelo, jengibre... Sabores y olores exóticos bajo el paraguas de la marca 1881.

el 01 oct 2014 / 16:00 h.

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Caroline Grainville, creadora y directora general de Oleodeluxe, o cómo ser diferente en un producto tradicional. / Carlos Hernández Caroline Grainville, creadora y directora general de Oleodeluxe, o cómo ser diferente en un producto tradicional. / Carlos Hernández Estos aceites de oliva son al gusto lo que el perfume al olor: una mera gota y lo transforma. Un toque final como guinda del plato. Porque una ensalada puede saber a eso, simple ensalada con virgen extra –que tampoco es poca cosa–, o que te deje en la boca un sabor a lima, pomelo, jengibre o lavanda. Caroline Grainville lleva siete años en España –tiene 31– trabajando en la industria hotelera. Su madre es propietaria de la firma francesa de aceites esenciales Thibêne. Oh la la!, mezclemos y que este oro verde de Sevilla sepa «a flores y frutos del mundo». El ajo, quédese restringido para las tostadas. Lo nacido es para restaurantes y tiendas gourmet y bautizado, además, con nombre de lujo. Oleodeluxe. 9,90 euros el envase de 250 mililitros. No llega a 10. Grainville presentó su proyecto a tres envasadoras renombradas y premiadas marcas de aceite de oliva. Una de ellas le abrió de par en par las puertas: la sociedad agraria de transformación Santa Teresa, ubicada en Osuna y que comercializa la etiqueta de vírgenes extra 1881. «El de su gerente, Diego Angulo, fue el empujón definitivo que yo necesitaba. Desde el principio creyó en la idea de lanzar aceites con toques (de sabor) diferentes a los que existían en el mercado.Teníamos que elegir: y entre muchos, nos quedamos con seis». Con sabor a ylang ylang y naranja: guiño al azahar de Sevilla, «casa con el bacalao o el carpaccio, aunque también, por qué no, con el salmorejo o el gazpacho. Suena distinto, ¿verdad?». Con sabor a cilantro y lima, «el segundo suaviza la intensidad del primero, y viene bien para el pescado o la verdura salteada». Con sabor a jengibre y pomelo: «se adaptan al creciente gusto por la comida japonesa, por el sushi, al atún, sin que tampoco sea ajeno a la crema de verduras e incluso a la mayonesa». Con sabor a nuez moscada y lavanda: «es mi toque francés, yo soy francesa, y en el sur de mi país se suele utilizar la lavanda en la cocina, un recuerdo a mi infancia, y se adecua a los platos con cebolla caramelizada o en las mezclas con fuagrás». Con romero y nuez moscada: «para carnes guisadas o a la plancha o estofados, pero aquí destaco que es perfecto para dar sabor a los platos de dieta, esos que no saben a nada. Y, por último, con sabor a mandarina y pomelo: «que va con todo, incluidas las frutas o los postres, a los que otorga cierto toque ácido». La joven emprendedora va desgranando las cualidades de estos seis aceites que conforman su catálogo, todos ellos envasados en Santa Teresa, y con los aceites esenciales traídos de Francia, «aunque sean de frutos y flores de todo el mundo; por ejemplo, la ylang ylang suele proceder de Madagascar». Y la idea se convirtió en empresa en noviembre pasado. ¿Cómo ha ido? «Bastante bien, pero en España no me encontré la respuesta esperada». En efecto, el planteamiento era abordar «en serio» el mercado nacional para salir posteriormente al extranjero. «Al final ha sido al revés». La acogida principal, comenta Caroline Grainville, ha sido en Francia y Bélgica, y ahora intenta abordar los países nórdicos, arrancando, según apunta, «por Noruega». ¿Qué falló en España? «Que cuesta mucho entrar en sus restaurantes. Es verdad que existen ya aceites aromatizados de muchas grandes marcas. Sin embargo, los de Oleodeluxe se elaboran no con frutos o flores maceradas, sino con aceites esenciales, es la gran diferencia». Ese rechazo –«seguiré luchando, esto es seguro»– trata de compensarlo entrando en las tiendas gourmet como productos delicatessen, bien en formato unidad «o en estuches para regalo». «Todo el aceite de oliva es 1881», quiere dejar claro la joven francesa, quien reconoce que antes de desembarcar en Sevilla –reside en la capital– no tenía relación alguna con el oro olivarero, del que, admite ahora, se ha quedado prendada. Eso sí, mantiene todavía su trabajo actual en la actividad hotelera. No sólo el envasado se efectúa en la SAT Santa Teresa, también la mezcla del aceite de oliva con los aceites esenciales. No hace falta que esté largo tiempo en bodega, simplemente que repose para que la simbiosis de los productos sea perfecta. «Un aroma sutil para innovar en su cocina tradicional. Cocina fría o caliente, salada o azucarada, tanto como para pescado, carne, pasta como para salsas o mayonesas». «La mezcla del aceite de oliva con los aceites esenciales no afecta las propiedades de ambos productos, todo lo contrario, creamos sinergias. El producto final se conserva aún más tiempo, los aceites esenciales son conservantes naturales», argumenta. Mujer, joven, emprendedora. «No es fácil emprender. Los palos me los he llevado sola. Las empresas consolidadas no ayudan, no dan oportunidades para colaborar a quienes llegan nuevos», se lamenta. Sí estuvo en un CADE (Centros de Desarrollo Empresarial, que depende de la Junta de Andalucía) pero su empresa está en su casa. Son los comienzos, difíciles, «pero con mucho empeño y con el apoyo de mi familia y de mi pareja», concluye.

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