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Lula deja un país saneado y en vías de poner freno a la pobreza

Dilma Roussef hereda un país que ha sorteado la crisis mundial.

el 30 dic 2010 / 20:09 h.

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Lula da Silva, junto a la presidenta electa Dilma Rousseff.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, deja hoy como legado a su sucesora, Dilma Roussef, importantes avances sociales, un país saneado económicamente y también mucho por hacer en áreas como salud, educación y saneamiento básico.

Con una proyección de crecimiento económico del 7,5% para este año, del 4,5% para 2011 y cifras récord de creación de empleo, Luiz Inácio Lula da Silva termina ocho años de Gobierno en los que Brasil ha sorteado la crisis mundial y se ha convertido en el país emergente de moda.

El éxito de los programas de Lula contra la pobreza, que permitieron que unos 25 millones de personas ascendieran a la clase media, explica la popularidad récord del 87% con la que se despide el presidente. Desde antes de su llegada al poder, el 1 de enero de 2003, Lula hizo alarde de visión estratégica y quiso eliminar las reservas que despertaba en algunos sectores económicos, por lo que se rodeó de un equipo que no despertara suspicacias en el mundo empresarial.
Un contexto internacional favorable y el dinamismo de China, principal socio comercial del país, llevaron al Producto Interior Bruto (PIB) brasileño a crecer el 27,6% entre 2003 y 2009, según datos oficiales, con lo cual se colocó entre las diez grandes economías del mundo.

Pese a los avances, el país tiene en la inflación una piedra en el zapato. Hasta noviembre, el aumento de precios acumulado fue del 5,25%, por encima de la meta oficial, del 4,5% anual.

Logros sociales. Pero si el Gobierno de Lula pasará a la historia es por sus logros sociales. Lula ha logrado reducir el hambre y la pobreza con la implantación del Programa Bolsa Familia, un subsidio que el Estado distribuye entre las familias de menores recursos y que el gobernante, una vez deje la presidencia, pretende presentar como modelo para otros países en desarrollo. El subsidio, que beneficia a unos 50 millones de personas, varía desde los 13 hasta los 117,6 dólares mensuales, según las necesidades. Pese a los avances en la reducción de la pobreza, no se ha conseguido cerrar la brecha.

En cambio, el mandatario no consiguió en sus ocho años de Gobierno cumplir sus promesas de erradicar el analfabetismo, que en 2009 afectaba al 9,7% de la población con más de 15 años, de aumentar la inversión pública en salud y de mejorar el saneamiento básico en un país en el que 32 millones de viviendas no tienen alcantarillado.

A Roussef, que mañana tomará las riendas del país, le queda por delante no tirar por tierra los logros de su mentor y conseguir que se hagan realidad las promesas que Lula no cumplió. Además de estas cuestiones no menores, la nueva presidenta tendrá que mantener la armonía en una variopinta coalición heredada de Lula, que abarca desde la izquierda moderada hasta la derecha más rancia.

Compleja coalición. Las dificultades para lidiar con los 11 partidos que forman la coalición que la apoyó en las elecciones del pasado mes de octubre en segunda vuelta y que formarán la base política de su Gobierno ya emergieron en el proceso de elección de sus ministros, que Roussef concluyó el 22 de diciembre. Con una vida pública dedicada a la burocracia, la presidenta electa ha depositado su mayor confianza en el Partido de los Trabajadores (PT), formado por Lula y al que ella también pertenece desde 1999.

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