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Cultura

'Luna nueva': más de lo mismo

EEUU, 2009. Dirección: Chris Weitz. Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Michael Sheen, Dakota Fanning. Guión: Melissa Rosenberg. Fotografía: Javier Aguirresarrobe. 13 años. Claificación: *

el 18 nov 2009 / 22:00 h.

Destaquemos la única virtud obvia para el que esto suscribe de la segunda entrega de la saga de Crepúsculo: el que un miércoles a las 19.30 horas el cine esté abarrotado es algo que, hoy por hoy, consiguen muy pocas películas y que, desde cierto punto de vista, habría que agradecer, caso de formar parte del equipo creativo o de la distribuidora, una Aurum que vuelve a repetir ojo clínico como ya hiciera con El señor de los anillos.

Dado que no formo parte de los responsables (aunque más bien cabría decir irresponsables) que han perpetrado tan desangelado filme, y como tampoco soy miembro de la compañía española, no tengo nada que agradecerle a Luna nueva, considerando que el que los cines se llenen más que nunca no es garante para que otras películas que merecerían mucha más atención por parte del público vayan a lograrla.

Dejando a un lado estas disquisiciones, que podrá parecer que son fútiles pero ya me han ayudado a llenar casi media crítica de un filme que podría despachar en dos líneas, desgranemos lo que esta segunda entrega es capaz de ofrecer.

Para empezar, cabría distinguir a dos grandes grupos: las adolescentes que acuden en masa para ver a sus ídolos y disfrutar de la traslación de las mediocres noveluchas de Stephanie Meyer, y sus sufridos acompañantes.

Para las primeras, Luna nueva resultará sin duda un filme de lo más atractivo por motivos que comienzan por esa agotadora melancolía con la que se describe al vampiro protagonista (que cada vez que habla parece estar diciendo ‘no es que esté triste, es que no sé actuar'), sigue con la adición del nuevo interés romántico de Bella, un morenazo cachas por el que suspirar, continúa en el mal entendido sentido del romanticismo que destila cada minuto de metraje (y si eso es romanticismo, mejor que la Academia de la Lengua revise su definición), y acaba en un final que en lugar de arrancar los muchos suspiros que se escuchan en la sala, debería provocar bufidos de exasperación.

Para los acompañantes, Luna nueva resultará una experiencia tan tediosa como prolongada, con algún que otro punto de interés (la secuencia en Italia) y poco más.

¿Cómo? ¿Que me he olvidado a los amantes del séptimo arte? No. No lo he hecho. Supongo que tendrán el suficiente buen sentido como para no acudir al cine.

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