Feria de Abril

Luque da un paso al frente

Cayetano consigue reconciliarse con la plaza de la Maestranza y El Cid despide su particular feria cortando una oreja.

el 05 may 2011 / 21:22 h.

Luque cortó una oreja al sexto de la tarde.

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA
Ganado: Se lidiaron seis toros de los hierros filiales de Torrehandilla (2º, 3º, 6º) y Torreherberos (1º, el sobrero que hizo 4º y 5º), algo desiguales de presentación. Destacó sobre todos ellos el que saltó en primer lugar, un animal de excelente clase en la muleta que tuvo nobleza y largos viajes; el segundo resultó soso y se desinfló pronto; el tercero no pasó de espeso y remolón; El cuarto tuvo buen fondo pero duró poco; sirvió mucho el quinto y el mansísimo y huido sexto se acabó entregando al verse acorralado.

Matadores: Manuel Jesús El Cid, de Baratillo y oro, oreja y silencio.
Cayetano, de Esperanza de Triana y oro, silencio y vuelta al ruedo tras petición.
Daniel Luque, de espuma de mar y oro con remates negros, ovación tras aviso y oreja tras aviso.

Incidencias: La plaza no llegó a llenarse por completo. Una vez más quedó vacía la última grada de sombra. Calor africano.

Días atrás decíamos que era el tapado. Luque había decidido asumir la Feria de Sevilla desde un planteamiento mucho más estratégico y sabiéndose capaz de aprovechar la ocasión en cuanto la pintaran calva. Esta vez no se trataba de proclamar pronunciamientos antes de que sonara el clarín y programar supuestos gestos que casi nunca salen como se pintan. Se trataba tan sólo de salir a darlo todo en una tarde, la segunda que tenía contratada en el ciclo, a pesar de sortear el peor lote.

Pero al joven diestro de Gerena no le importó. Y aunque el descaradito que hizo tercero salió rajándose del caballo y casi le arrolla de puro manso le plantó cara con autoridad y mando, sobándolo hasta meterlo en la canasta en una faena con más fondo que forma, de esas que saben valorar -y mucho- los profesionales y los verdaderos catadores del toreo. Más allá de la factura de los muletazos, Luque estuvo importantísimo, templado y entregado a tope, especialmente en el serio toreo al natural que abrochó con un enorme pase de pecho sin enmendarse. El toro, espesito y remolón, no tuvo más remedio que claudicar en la muleta de Daniel, que aún se regodeó en una nueva tanda y un sabroso molinete cosido a otro de pecho que puso a todos alerta. Cuando se sintió podido el animal amagó con marcharse pero Daniel Luque aún le enjaretó un sensacional puñado de muletazos por el lado diestro antes de marrar repetidamente con la espada por andar el astado excesivamente distraído.

El fallo a aceros le birló una oreja de peso pero no le iba a importar al prometedor torero sevillano que se fue al centro del ruedo a brindar el sexto de la larguísima tarde sabiendo que la papeleta no era nada fácil. Había costado mucho meter en el caballo a ese ejemplar que protestó mucho en la brega y acabó siendo banderilleado en los terrenos de chiqueros. Manso declarado, huyendo descaradamente de su matador y refugiándose junto a la puerta de caballos no sabía que Luque no estaba dispuesto a dejarlo escapar. En ese momento nadie podía haber apostado una peseta por lo que vendría después, pero el ambicioso diestro de Gerena le fue arrancando pases uno a uno hasta que el toro se entregó sin reservas en una faena resuelta en un palmo de terreno en la que el torero no se cansó nunca de estar entre los pitones. Luque montó un verdadero lío sin cansarse de obligar a su oponente, tapándole todos los defectos, consintiéndole todas las querencias hasta imponerse por completo y dar un definitivo paso al frente que le coloca varios puestos por delante en la fila. La oreja, lograda después de un contundente espadazo, era de las que tienen peso específico.

Pero la tarde, excesiva en el metraje y abundante en esos tiempos muertos que tanto le van a la lidia contemporánea, aún tuvo otros momentos más o menos felices. El primero fue el excelente son y galope del toro que rompió plaza, un ejemplar que se pegó un volantín a las primeras de cambio y al que El Cid toreó con temple y dicción clásica a la verónica en un mazo de lances rematados por una deslizante larga. Repitió ese mismo son en el quite posterior siendo replicado por Cayetano, que desempolvó ese quite de Ronda que liga una larga cambiada con gaoneras. El caso es que el toro se comportaba de manera sensacional en la brega a pesar de la premiosidad de El Boni, que parece andar siempre mirándose en un espejo. Banderilleó con acierto Alcalareño y saludó mirando al cielo...

El toro llegaba con excelente son a la muleta y El Cid lo pasó en series de acople creciente e intensidad intermitente en varias series consecutivas que no lograron apurar en ocasiones la excelencia de un ejemplar que también se rebosó, más brevemente, por el pitón izquierdo por el que amagó huida. La postrera serie diestra fue más arrebujada y el espadazo con el que remató su labor despertó una petición que acabó siendo atendida.

El de Salteras puntuaba por fin a la vez que se despedía de una Feria en la que las cosas no han salido siempre como se esperaban. Para rematar su participación en el ciclo sorteó un ejemplar algo rajadito y protestón que se dejaba en la muleta. En cualquier caso duró poco y la faena no llegó a tomar vuelo.

Resuelto a reconciliarse y a hacerse valer, Cayetano había enseñado su mejor versión -lejos de la decepción de hace una semana- en la plasticidad y el personal empaque con el que resolvió su faena al segundo, un toro desinflado como un balón pinchado. Pero la definitiva reconciliación con el público sevillano se la puso en bandeja el excelente colaborador que salió en quinto lugar a pesar de la masacre en varas. La faena, comenzada de rodillas, se vivió en el filo de la navaja y mantuvo un tono de emotividad, de sinceridad y desnudez técnica que estuvo a punto de poner en sus manos una oreja.

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