Local

Malos olores

En el diario La Vanguardia hemos podido leer la opinión de un estudioso, que afirma que la reina Cleopatra no está enterrada en Egipto, sino que sus restos descasan en los jardines de la Biblioteca Nacional en Paris. Muy cerca del Louvre y el Palais Royal reside la momia de la amante de Julio César y Marco Antonio.

el 15 sep 2009 / 10:14 h.

En el diario La Vanguardia hemos podido leer la opinión de un estudioso, que afirma que la reina Cleopatra no está enterrada en Egipto, sino que sus restos descasan en los jardines de la Biblioteca Nacional en Paris. Muy cerca del Louvre y el Palais Royal reside la momia de la amante de Julio César y Marco Antonio. Al parecer, vino como botín del viaje de Napoleón a Egipto y se expuso públicamente durante meses.

Pero en la Comuna de Paris de 1871, mientras la ciudad ardía en tumultos revolucionarios, el hedor insoportable de los restos de la vieja reina y el caos en las calles, obligaron a su discreta y olvidada sepultura.

Ya que hablamos de hedores en la vieja Europa, unos chinos han protagonizado en Paris un ejemplar ajuste de cuentas al racista y homófobo Le Pen. Lo lamento, he intentado no escribir estos días de China o de sus paisanos, pero no me resisto a reproducir esta información. Le Pen, hundido en deudas por su último batacazo electoral, ha tenido que vender la sede de su xenófoba organización a unos empresarios chinos. Un divertido y justo guiño del destino.

El adalid contra la inmigración, de la pureza y las míticas esencias de la nación francesa, obligado a entregar su sede, a cambio de vil metal, a unos asiáticos de ojos rasgados. Humillado, además, al tener que subastar su propio coche en Ebay, el famoso portal de internet, a un desconocido. Imagínense el mal rato de esa antigualla racista, especulando amargamente con la raza del anónimo adquirente de su preciado vehículo.

Pero este mes de agosto también ha traído otros ejemplos de mal olor. Más cercano que el tufo zarista del conflicto osetio, en Italia, los sagaces asesores de Berlusconi han provocado una polémica tan cutre como reveladora. Se han conjurado para difuminar un pezón de un cuadro, que domina el fondo de las ruedas de prensa del inefable líder. Una vez más, el arte al servicio de la realidad. La verdadera naturaleza del actual gobierno italiano reflejada en esta ridícula censura. Con una explicación pública tan estúpida, que he intentado encontrar en internet un argumento alternativo más convincente que el publicado.

Al final, tras la frustrada labor de documentación, la única explicación posible de tan brillante maniobra, de negarse a algo tan simple como cambiar el inquietante cuadro de sitio, sólo puede entenderse por un oscuro deseo de reproducir históricas y ejemplarizantes censuras. Un gesto tan simbólico como ilustrativo del arte de gobernar de estos chicos de Berlusconi, confirmado por otra decisión estival mucho más conflictiva y preocupante. Este tradicional socio de la Europa democrática, ha decidido desplegar el ejército en las calles de las principales ciudades italianas.

El objetivo aducido es restaurar el orden, erradicar la inseguridad que domina a la vieja Italia. Noticias con un parecido aroma en este tórrido mes de agosto. Por lo visto, en estos tiempos que corren, hay viejos y malos olores que no sólo están en China.

Abogado

opinion@correoandalucia.es

  • 1