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Cofradías

Mano abierta

La opinión de Adrián Ríos

el 04 mar 2015 / 09:42 h.

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Entre las prácticas cuaresmales encontramos la necesidad de incrementar la oración. Hay que reconocer que es el tiempo en que más se reza en el calendario cofrade, sea en los cultos internos que se anuncian en las distintas convocatorias que llenan las puertas de los templos, sea en los traslados, viacrucis y procesiones de nuestras hermandades y cofradías, que en la Semana Santa encuentran su broche de oro. Podemos decir incluso que aún en muchos hogares se observa rigurosamente el ayuno y la abstinencia que la Iglesia recomienda para este tiempo de preparación a la Pascua del Señor. Pero en lo referente a la limosna hay que reconocer, como dice el Papa en el mensaje de Cuaresma de este año, que cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen. Francisco nos recuerda que nuestro corazón, en esta sociedad del bienestar, cierra la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo y el mundo en Él, y se vuelve indiferente. La Iglesia -continúa el Papa- es como la mano que tiene abierta esta puerta por lo que nunca debe sorprenderse si es rechazada, aplastada o herida. Una interpelación constante a no permanecer indiferentes a las necesidades de los demás llega a ser tan incómoda como necesaria. ¿Y que sería de una Iglesia que no lo recordara? Reflejaría que se ha dejado contagiar por la globalización de la indiferencia que recuerda Francisco en el mensaje referido. Nuestra Iglesia de Sevilla cuenta con un testimonio considerable de proyectos de caridad, de compromiso social, entre los que se encuentran los desarrollados por las bolsas de caridad de las hermandades y cofradías y las iniciativas que se llevan adelante de forma conjunta. Pero este discurso no debe convertirse en el argumento donde cada uno se escuda a la hora de defenderse del pecado de omisión en tantas ocasiones. Por este motivo, hay que agradecer siempre a la Iglesia que sea samaritana y nos empuje siempre a estar dispuestos al servicio de los demás. De este modo cumple su misión profética.

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