Local

Manolo Chaves

El jueves de la semana pasada, como vengo haciendo desde hace un año, envié al director de este periódico mi artículo semanal para la sección que me abrió en esa fecha bajo el epígrafe, 'Cristales Rotos'. Ese día, antes de que ningún medio de comunicación se hiciera eco de la crisis de gobierno que preparaba el presidente Zapatero...

el 16 sep 2009 / 01:12 h.

El jueves de la semana pasada, como vengo haciendo desde hace un año, envié al director de este periódico mi artículo semanal para la sección que me abrió en esa fecha bajo el epígrafe, 'Cristales Rotos'. Ese día, antes de que ningún medio de comunicación se hiciera eco de la crisis de gobierno que preparaba el presidente Zapatero, ya adelanté que era necesario mirar al sur para encontrar a alguien que, con autoridad política y moral en el seno del PSOE, pudiera entrar en el Gobierno de España y coordinar su actividad política e institucional.

Evidentemente, como muchos lectores adivinaron, me estaba refiriendo a Manuel Chaves, de cuya capacidad ya dio muestra en su paso por el Ministerio de Trabajo, en la Presidencia de la Junta de Andalucía y en la presidencia de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE. Juro que no tenía ninguna información al respecto, por más que algunos de los lectores de este periódico me hayan preguntado repetidamente en esta semana sobre mis fuentes de información. Fue simple y pura intuición y un análisis de la situación los que me llevaron a hacer la previsión que luego los hechos se han encargado de convertir en acierto.

Llevaba razón José Luis Rodríguez Zapatero cuando afirmó reiteradamente que en la campaña electoral de marzo de 2008 nadie en España tenía la conciencia de que una terrorífica crisis asomaba por el callejón. La prueba palmaria de su ignorancia sobre lo que se avecinaba lo pone de manifiesto el análisis electoral del resto de los partidos que, con el PSOE, competían en esa campaña; ningún programa electoral avisaba de lo que se nos venía encima. Ganadas las elecciones, Zapatero se avino a formar un Gobierno que era el fiel retrato de la situación económica y social de la España de ese momento, cuando los nubarrones que devinieron en tormenta aún no habían hecho acto de aparición.

Si el presidente hubiera intuido la situación de la economía mundial y española de hoy, estoy seguro de que su Gobierno hubiera respondido al esquema que en esta semana ha puesto en marcha. No se puede decir que la remodelación llevada a cabo en estos últimos días es la consecuencia de un fracaso, sino la constatación de que la realidad de hoy no se compadece, para nada, con la realidad de la primavera de 2008. Hubiera sido tremendo que el presidente hubiera mantenido a un Gobierno, por el simple prurito de no rectificar, que estaba hecho a imagen y semejanza de un país boyante, y ha sido un acto de grandeza y de patriotismo el rectificar, buscando un Gobierno más adaptado a la situación de hoy y con más capacidad política para marcar iniciativas y liderazgo, al mismo tiempo que más acostumbrado a resistir y sufrir por experiencias vividas anteriormente.

Y aquí es donde yo situaba la semana pasada el deseo de que Chaves ocupara una parcela de responsabilidad y coordinación en el Gobierno de Zapatero. Cuando el PSOE entró en crisis después de la derrota electoral del año 1996 y se produjo la sucesión de Felipe González por Almunia al frente de la Secretaría General del PSOE y emergió fallidamente Borrell como candidato a la Presidencia del Gobierno, la travesía del desierto fue dura, difícil y complicada. Los socialistas, que habían asumido la responsabilidad de gobierno durante casi 14 años, bajaron los brazos y se dieron por vencidos; se perdió el Gobierno, comunidades autónomas y muchos e importantes ayuntamientos.

De poder institucional real sólo quedó el poder autonómico en Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura; surgieron lo que la prensa calificó, y se ha recordado estos días, como los Tres Tenores; es decir, Manolo Chaves, Pepe Bono y quien firma estas líneas. Ninguno de nosotros tenía responsabilidades políticas o institucionales de carácter estatal, pero ante el vacío producido, sin proponérnoslo, nos echamos el partido a la espalda y fuimos capaces de llegar hasta el congreso del PSOE en el que José Luis Rodríguez Zapatero tomó el relevo, la dirección nacional de los socialistas españoles y la Jefatura del Gobierno en el año 2004.

De ese tiempo, de esos ocho años, guardo recuerdos imborrables, anécdotas y, sobre todo, la imagen de dos grandes dirigentes socialistas y de dos españoles sin complejos: José Bono y Manuel Chaves. Con este último compartí en aquel tiempo momentos difíciles y complicados, especialmente cuando el Gobierno de Aznar, a través de su ministro Zaplana, quiso enterrar definitivamente el mal llamado PER.

Chaves demostró, en ese momento, una capacidad de liderazgo propio de quien lleva en su sangre al sindicalista, al socialista y al andaluz comprometido con su tierra y con sus ideas. Los tres tenores tuvimos capacidad para mantener el barco socialista a flote, gracias, sobre todo, a la fortaleza y capacidad de negociación de quien hasta hace unos días ha sido presidente de la Junta de Andalucía durante diecinueve años. Alguien que, como él, ha sido capaz de representar al pueblo andaluz, con tanta autoridad, decisión y fortaleza, merece el reconocimiento y el apoyo de sus paisanos, independientemente de cómo piensen o sientan.

Han sido muchos años entregado a una misión delicada, difícil y apasionante. Para los andaluces debe ser motivo de orgullo y de satisfacción comprobar que, cuando las papas se calientan demasiado y hay que retirarlas del fogón, un andaluz es llamado para esa alta misión. Chaves fue un excelente presidente y ahora triunfará, sin duda, en su tarea de conformar definitivamente los perfiles del Estado de las Autonomías que tanto bien ha supuesto para España, para su tierra y para la mía.

jcribarra@oficinaex.es

  • 1