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Cultura

Manolo Franco y su gesta de hace un cuarto de siglo

el 18 feb 2010 / 21:19 h.

El sello Pasarela, donde colabora el compañero Juan Luis Franco, acaba de reeditar dos magníficos discos de guitarra, Aljibe, de Manolo Franco, y De Maera, de Quique Paredes, del que nos ocuparemos la próxima semana. Es una buena noticia, qué duda cabe, porque se traen a soporte actual dos discos que en su momento tuvieron una gran importancia, sobre todo Aljibe, de Manolito Franco, grabado a raíz de conquistar en 1984 el I Giraldillo del Toque en la III Bienal de Arte Flamenco. Lo de reeditar discos de pizarra está muy bien y es necesario; pero lo es también poner al alcance de los jóvenes los vinilos más interesantes.

 

Manolo Franco es de la sevillana barriada de la Calzada, se crió en Juan XXIII y fue alumno del maestro Antonio Osuna, que lo fue también de Quique Paredes.

Cuando participó en el Giraldillo no era un artista desconocido para los aficionados al toque, puesto que ya había acompañado a muchos cantaores y trabajado con Matilde Coral y Rafael el Negro en la academia que éstos tienen en Triana. Fue al concurso, claro está, con una preparación importante.

Y dio una lección de cómo hay que tocar la guitarra acompañando el cante, que es su fuerte, y tocando en concierto, una faceta en la que hasta ese momento había tocado poco. Paco de Lucía, que estuvo entre los miembros del jurado, llegó a comentarme aquella misma noche, que le había impresionado precisamente tocando solo.

Lo cierto es que ganó con todo merecimiento, a pesar de que tuvo que competir con guitarristas como Paco del Gastor, Pedro Bacán, Tomatito, José Antonio Rodríguez y Rafael Riqueni. En vista del jurado que había, a nadie se le ocurrió discutir este premio, que consagró a Manolito Franco es la figura que es hoy. Seguramente, dada su humildad y escasa ambición artística, Manolo Franco sacó poca rentabilidad del concurso de guitarra más importante de la historia del flamenco, pero es uno de las guitarristas más importantes de este tiempo.

Aljibe, que es su primer y único disco hasta el momento, donde hay algunos de los toques que interpretó en el concurso, es una obra musical para la historia, por su frescura, su imaginación a la hora de componer, su desarrollo de las armonías y, sobre todo, su total ausencia de adornos superfluos.

Piezas como la colombiana (Amargo sabor de rosas), las alegrías (Luna de plata), la taranta (Buscando amores) y la bulería (Aljibe), avalan no sólo esta obra discográfica, sino la carrera de este artista, quizás poco reconocido aún como concertista, sin duda por culpa del propio artista, que no continuó desarrollando una faceta que le hubiera dado muchas satisfacciones a él y enormes alegrías a los amantes del toque. Manolo Franco es, sobre todo, un gran conservador del toque flamenco, de la escuela sevillana del Niño Ricardo, y también de la de Pepe Martínez, al que nunca se tiene en cuenta a la hora de hablar de la guitarra sevillana. Conoce muy bien a Ramón Montoya, a Esteban de Sanlúcar y a Mario Escudero.

Desde que conquistó el concurso hasta ahora, Manolo ha ganado en maestría y apenas ha perdido destreza tocando en solitario. La última vez que pudimos escucharlo fue en Paradas, y nos sorprendió la evolución de su toque, eso sí, sin perder para nada el rumbo, que otros han perdido.

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