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Manuela Cordero gana el concurso de cante jondo Antonio Mairena

el 01 sep 2012 / 18:38 h.

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De izquierda a derecha, el Niño de Gines, Pastora Olivera, Juan Miguel Barquero y Manuela Cordero.

En Mairena del Alcor deberían de plantearse muy seriamente organizar el Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena cada tres años, como hacen en Córdoba, porque acabará muriéndose. La noche del pasado viernes se celebró la final de su quincuagésima primera edición y quedó claro, una vez más, que no hay más leña que la que arde; que los jóvenes que cantan bien no quieren concursos -la mayoría están cantando para bailar-, y que los que cantan con la lección bien aprendida van sobre todo a por el dinero de los premios.


En Mairena tienen que tener en cuenta que el certamen lleva el nombre de Antonio Mairena, el hijo más ilustre de este pueblo y una de las figuras más grandes del cante jondo del pasado siglo. Lo de la noche del viernes fue impresentable, y no nos referimos al reparto de los premios, que eso es siempre decisión de un jurado de expertos, sino al hecho de que algunos de los participantes estuvieran en la final y que, encima, se llevaran premios.

A pesar del bajo nivel de la mayoría de los participantes el jurado no dejó ni un solo premio desierto, y eso no le hace ningún favor al concurso, sino todo lo contrario: lo devalúa totalmente, por mucho que trabaje la Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena. Es lo que está pasando no solo en el histórico certamen mairenero, creado hace medio siglo, sino en el de La Unión y en el de Córdoba, por citar solo a los más influyentes.

El certamen está dividido en cuatro grupos: Premio Antonio Mairena, Premio Casa del Arte Flamenco Antonio Mairena, Premio Calixto Sánchez y Premio Manuel Mairena. En el primer grupo se disputaron el premio Manuela Cordero, el cordobés José Antonio Camino y el Rubio de Pruna.

El jurado se decantó por la cantaora de Rota afincada en el pueblo sevillano de Alcalá del Río, que estuvo muy bien por tonás y floja en seguiriyas y soleares. En mi opinión mereció el premio Rubio de Pruna, quien hizo cosas muy buenas en tonás, seguiriyas y soleares.En el segundo grupo, dedicado a los cantes de compás, cantaron la sevillana Inma la Carbonera y el extremeño Juan Miguel Barquero El Chiqui, recayendo el premio en éste, que fue quizás el premio más escandaloso de todos. Inma la Carbonera cantó mucho mejor y, además, se tuvo poco en cuenta su proyección artística, que es indudable.

En el recién creado Premio Calixto Sánchez no había demasiada competencia. Lo ganó Pastora Olivera en detrimento de José León Márquez. Pastora aseguró las malagueñas, granaínas y abandolaos, con una preciosa voz y buen oficio, aunque poca enjundia. El joven mairenero tuvo problemas en coronar los cantes y estuvo algo nervioso, pero apunta maneras. Por último, el Premio Manuel Mairena, dedicado a los menores de veinte años, recayó en Manuel Jesús García. Este premio debió de quedar desierto.

Es justo destacar la maestría de los dos guitarristas, Niño Elías y Manuel Herrera. Y, sobre todo, el arte del bailaor que actuó como artista invitado, El Junco, de Cádiz, quien con el cante de El Galli y la guitarra de Miguel Pérez, se encargó de demostrar la clase de bailaor que es. El homenajeado en el concurso ha sido el gran aficionado Antonio Reina Gómez.

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