Cultura

'Mapa de los sonidos de Tokio': sentimientos y ruido

Hasta la fecha, y sin irme por las ramas, lo que había visto del cine de Isabel Coixet (todo lo que ha rodado desde la lacrimógena pero estupenda 'Mi vida sin mí') me había parecido fascinante...

el 16 sep 2009 / 08:16 h.

Hasta la fecha, y sin irme por las ramas, lo que había visto del cine de Isabel Coixet (todo lo que ha rodado desde la lacrimógena pero estupenda 'Mi vida sin mí') me había parecido fascinante: capaz de decir mucho más con los silencios que con los diálogos, la directora catalana iba camino de convertirse en una de las citas ineludibles con el cine español con vistas a un futuro muy próximo. Pero eso habría sido si no se hubiese encontrado en mi camino esta 'Mapa de los sonidos de Tokio'.

Para cualquiera que se haya acercado alguna vez al cine de la realizadora, la cinta no guarda ningún tipo de sorpresas más allá del fascinante diseño de sonido (que nos acerca al corazón palpitante de un Tokio tan lejano como extrañamente atractivo): ahí siguen casi intactas las obsesiones visuales que pudimos verle en 'Elegy' o 'La vida secreta de las palabras', con esos desenfocados que, al menos aquí, se antojan más vacuos de contenido que nunca y con esa forma de rodar las conversaciones que, vistas ya más de una y dos veces, comienzan a perder su originalidad.

Pero el auténtico problema de 'Mapa de los sonidos de Tokio' no reside en la exigua (pero bella) intencionalidad de su aspecto visual, sino en el enorme agujero negro que es su guión.

Tragando cuantos clichés se encuentra a su paso, el libreto que ha escrito para la ocasión Isabel Coixet es una enciclopedia de lugares comunes, un recetario de esos platos típicos de la 'nouvelle cuisine' que, aunque servidos en un envoltorio asombroso y fascinante, siempre nos dejan con hambre de más, ya sea porque la cantidad nunca es capaz de saciar, ya sea porque los ingredientes del mismo (y aquí tiene mucho que decir la horrible actuación de nuestro Sergi López, en franca contraposición con la que ofrece la espigada Rinko Kikuchi, que da muy bien el papel) no son los adecuados para obtener el punto justo que llegue a satisfacernos.

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