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Maragall admite que no se vió arropado por su partido

El ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall evoca en sus memorias la "soledad" que sintió en muchos momentos de su trayectoria política, al no verse arropado por su partido, el PSC, que no le apoyó en la polémica del 3% y que, como José Luis Rodríguez Zapatero, mostró reticencias al Estatuto.

el 15 sep 2009 / 19:01 h.

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El ex presidente de la Generalitat Pasqual Maragall evoca en sus memorias la "soledad" que sintió en muchos momentos de su trayectoria política, al no verse arropado por su partido, el PSC, que no le apoyó en la polémica del 3% y que, como José Luis Rodríguez Zapatero, mostró reticencias al Estatuto. Oda Inacabada es el título de las memorias de Maragall (Barcelona, 1941), en las que el alcalde de la Barcelona olímpica y ex líder del PSC relata con cierta amargura los choques que tuvo a lo largo de su carrera con la familia socialista.

Uno de los momentos más evidentes del distanciamiento entre Maragall y el aparato del PSC fue a raíz de su polémica acusación a CiU, en sede parlamentaria, por beneficiarse de comisiones ilegales del 3% en la adjudicación de obra pública, "uno de los episodios más duros de mi carrera y probablemente el que más cicatrices me dejó".

Lo que más le "sorprendió" no fue la lluvia de críticas que tuvo que soportar por la "inoportunidad" de sus palabras, sino que "la mayoría mostrara también su desacuerdo con el fondo del hecho". "Nadie quiso profundizar en el tema, ligado al tema nunca resuelto de la financiación de los partios, más allá de atribuirme un error más. Ni siquiera mi partido me apoyó", lamenta el ex alcalde.

En este punto, Maragall destaca que "la soledad se puede superar, pero no la creencia de que tus compañeros de la dirección del partido han pasado de tolerarte con más o menos simpatía por tus ideas a abandonarte y a discrepar abiertamente de ti".

También constata su "soledad" en el proceso de aprobación del Estatuto, en el que lanza un velado reproche al primer secretario del PSC, José Montilla, y a la ejecutiva del partido, por propinarle un "golpe político" al proponer enmiendas al texto aprobado por el Parlamento catalán, incluido el PSC, el 30 de septiembre de 2005. "Eso fue más que una contradicción. Fue una desconsideración política a la cámara catalana impropia de un partido llamado nacional catalán.

Y también fue un golpe bajo al presidente de la Generalitat", asegura. Y añade: "Conocía de primera las reticencias al proyecto de un grupo de dirigentes del PSC, con sus primeros espadas al frente, en sintonía con la lista de aspectos 'inaceptables' que empuñaba el Gobierno español. Nunca hubiera creído que podrían llegar a desautorizar el voto de sus diputados unas horas después de haberlo emitido".

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