Cultura

Maratón al gusto de Perianes

Reseña del primer concierto que Javier Perianes, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y Juan Luis Pérez ofrecieron esta semana en el Teatro de la Maestranza con la integral de los 'Conciertos para piano' de Beethoven.

el 10 jul 2013 / 23:43 h.

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Teatro de la Maestranza. 10 de julio. Programa: Conciertos para piano y orquesta nº2, 3 y 4 de Beethoven. Intérpretes: Javier Perianes, piano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juan Luis Pérez, director. * * *

Tenían razón las notas al programa, poder escuchar en una misma semana la integral de los Conciertos para piano de Beethoven es un acontecimiento exigente que demanda oyentes dispuestos e intérpretes de altura. Hubo de lo uno y de lo otro, y no imaginamos mejor manera de culminar la ‘residencia’ de Javier Perianes en el Maestranza durante la presente temporada que con dos programas de este calibre.

Fue un maratón probablemente más al gusto del pianista que del director, a juzgar por los caminos que cada uno siguió, senderos que, sin embargo, convergieron en muchos momentos. De un lado Javier Perianes no sorprendió pero sí deslumbró con su pianismo expansivo, de hechuras clásico-románticas, y con incontestables aportes propios de gran significado, como las variadas ornamentaciones con las que abrochó el Largo y el Rondo, Allegro del Concierto nº3. En el número 4, el intérprete impuso su proceder a la orquesta con una ejecución henchida de fantasía nada pomposa, ajena sí a criterios interpretativos históricos, inusitadamente dramática, derramando patetismo antes que puro hedonismo, muy de cara a la platea, vistosa, en exceso subjetiva pero impecable desde un punto de vista técnico.

Con el número 2 Perianes insufló virtuosismo a cada frase, resultó más rápido que de costumbre, y probó un sonar más delicado, a pesar de que no es este el concierto beethoveniano que más le conviene. A su lado tuvo a una Sinfónica muy reducida en efectivos, Juan Luis Pérez impuso un vibrato apenas perceptible en los violines, algo más en la cuerda grave, de medido rubato, sus interpretaciones buscaron un tono de sobria ligereza, aunque en este postulado por una ejecución más en estilo chocó en los movimientos lentos con el intérprete, acompasándose juiciosamente a él. Por contra, los finales resultaron trepidantes, las exposiciones, lineales, poco elegiacas, los desarrollos más impetuosos que líricos, ejemplarmente construidos.

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