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Marbella, la cuna del lujo arruinada

Marbella comenzó a notar la normalidad institucional tras las elecciones del 27-M, pero la campaña para las municipales fue tan intensa que ahora vive la próxima cita en las urnas con hastío.

el 15 sep 2009 / 00:33 h.

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Marbella comenzó a notar la normalidad institucional tras las elecciones del 27-M, pero la campaña para las municipales fue tan intensa que ahora vive la próxima cita en las urnas con hastío. Exige a los partidos que se vuelquen para que la ciudad salga del hoyo en que quedó por la corrupción municipal y, sobre todo, pide consenso entre las administraciones.

Hubo un tiempo en que Marbella fue la envidia del turismo de élite de sol y playa, olía a perfumes caros y era el símbolo del amor y el lujo. Entonces su color político era indiscutible, nadie tosía al todopoderoso Jesús Gil, el hombre capaz de construir un inmenso arco o de arreglar una calle en un tiempo récord, con una tarjeta de crédito ilimitado que acabó arruinando las arcas de la ciudad.

Ha llovido mucho desde esa etapa, idílica para algunos. La cuna del glamour se fue poco a poco desinflando tras más de 15 años de corrupción y saqueo por parte de sus dirigentes. El final fue de película: un ayuntamiento en la cárcel, un municipio sin autoridad alguna y un enorme agujero de cientos de millones de euros.

Marbella ha vivido a un ritmo de vértigo este último año. Las detenciones por la operación Malaya continuaron, un escándalo que llevó a la Junta a retirar al consistorio las competencias urbanísticas hasta la formación del nuevo gobierno. El vacío de poder acabó el pasado 27 de mayo con una rotunda victoria del PP en las municipales y una nueva alcaldesa, Ángeles Muñoz. La campaña de los partidos en las elecciones locales fue muy intensa; había mucho en juego y las estrategias rozaron la agresividad. Por eso, a casi un mes para la doble cita en las urnas, la ciudad ha vivido con hastío la precampaña. "Estamos aburridos, hartos de que los políticos nos utilicen cuando les conviene", se queja Pilar Pedrazuela, presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos Barrios de Marbella. "La gente está cansada de la prepotencia de los dirigentes", añade el vicepresidente de la organización, Raúl Jiménez.

Los ciudadanos lo tienen claro: "Marbella no puede ser el caballo de batalla electoral". Piden que los discursos hasta el 9 de marzo prometan "que la ciudad va a volver a ser lo que era". "Al que gane le exigiremos que nos apoye", asegura Jiménez. El pueblo reclama consenso y diálogo entre las distintas Administraciones, y culpa de los desencuentros entre ayuntamiento, Junta y Gobierno al hecho de que sean de distinto color político. "Marbella ha pasado una época muy difícil; ahora necesita mucho cariño para que no se hunda en la miseria", opina el presidente del Centro de Iniciativas Turísticas (CIT), Miguel Gómez. "Queremos empezar a ver cosas, sea del partido que sea", demanda Alejandro Dogán, presidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Marbella y San Pedro de Alcántara.

La lista de "necesidades urgentes" es interminable: inversiones en infraestructuras, saneamiento, bibliotecas, aparcamientos... Pero, por encima de todo, dinero "contante y sonante". "Parecemos el hermano rico de Andalucía, pero somos el pobre", señala Dogán. La ciudad tiene muy asumida la idea de que los 15 años de Gil la ha dejado en la ruina y que, de una manera u otra, debe verse ahora recompensada. "Nos han robado todo, pero ya se acabó eso de llevárselo calentito", sentencia Pilar Pedrazuela.

Enorme deuda.

El consistorio arras- tra una deuda con el Estado de 271 millones de euros, cuyo plazo para pagarla -se consiguió retrasar un año- empieza en 2009. Los vecinos reivindican que los bienes incautados durante la operación Malaya se usen para levantar el municipio malagueño. "Sólo con los cuadros de Roca tenemos para liquidar casi toda la deuda", bromea la representante vecinal.

Pese a la apatía con la que esperan la llegada de las próximas elecciones, los ciudadanos confían en que la formación de los nuevos gobiernos autonómico y central consolide la normalidad institucional que empezó a notarse tras el 27-M. Esa normalidad, dicen, es clave para devolver la seguridad a sectores tan importantes como la construcción o el turismo. "Tenemos la esperanza de que, independientemente del resultado electoral, la tranquilidad se asiente, las cosas se arreglen y ayuntamiento y Junta puedan ir cogidos de la mano", afirma Santiago Domínguez, dueño del restaurante Santiago, uno de los más antiguos y afamados de la ciudad.

Marbella ha sido durante dos décadas el escaparate de la flor y nata de la sociedad. Su nombre sonaba a paraíso. La trama de corrupción municipal destrozó su imagen. "El acoso y la campaña tan negativa de los medios de comunicación le han hecho mucho daño", coinciden el restaurador y el presidente del CIT. Sin embargo, todos piensan que la ciudad se ha despojado ya de ese lastre. "Ha sido la punta de la lanza de los saqueos, pero luego se ha visto que en muchos otros pueblos de España también se roba", manifiesta Pedrazuela.

Compás de espera.

Hay temas esenciales para la ciudad que están parados hasta después del 9-M, como la aprobación del polémico plan general y la ejecución de las sentencias de derribo, que el ayuntamiento está evitando cumplir. Este último asunto mantiene enfrentados a los vecinos. Los afectados por las demoliciones -el representante de este colectivo, José Ortiz, rechazó aparecer en el reportaje- argumentan que son los compradores de buena fe los mayores perjudicados. La plataforma a favor de los derribos, en cambio, defiende que hay que acatar la justicia y que Marbella debe ser castigada por 15 años de irregularidades.

El presidente de esta asociación -que aglutina a hoteles como Don Miguel y Don Pepe, así como a propietarios de viviendas cercanas a otras ilegales-, Rafael Ávila, lo expresa sin tapujos: "La ciudad es la primera responsable de esta situación, porque ha votado durante muchos años a gobiernos corruptos, pero la gente no admite su culpa". Ávila sostiene que el patrimonio "ha sido esquilmado", pero que ahora "nadie quiere mancharse las manos de sangre". A su juicio, debe haber "una actuación ejemplarizante" para demostrar que "robar no sale gratis". ¿Y qué ocurre con los compradores de buena fe? "Muchos sabían que lo que compraban era ilegal. Además, los verdaderos perjudicados son los que se han quedado sin zonas verdes o sin vistas", critica.

A pesar del túnel negro en el que se encuentra la capital del turismo, los marbellíes no dudan de que volverá a resurgir de sus cenizas cual ave fénix. "Nadie podrá con esta ciudad; no hay quien la tire", aseguran.

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