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Marcela, el halcón de El Correo

El Correo de Andalucía ha tenido el honor de bautizar a la primera cría de halcón nacida en el aeropuerto de San Pablo. Se llama Marcela y pronto velará por usted.

el 24 abr 2010 / 19:20 h.

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La historia de Marcela en cierto modo podría parecer la historia de aquel pobre patito feo. Marcela es ahora una polluelita sin lustre, flacucha y desgarbada; sólo luce un escaso plumón blanco que indica que aún es un bebé. Pero el instinto de Marcela es muy diferente al de aquel cisne. A Marcela no le preocupa su aspecto, aunque dentro de poco lucirá sin saberlo su elegancia por los aires tal y como el cisne lo hace por los lagos; a Marcela le preocupa comer. Así, con sus ojos vivarachos -que albergan una vista 30 veces mejor que la del ser humano-, la polluela mira atentamente el dedo que sólo pretende acariciarla y que ella sólo pretende engullir.

En otras cuestiones Marcela tampoco se parece al patito del tradicional cuento. Pronto será la reina del cielo: volará a una velocidad de 100 kilómetros por hora, y cuando cace efectuando un ataque en picado multiplicará su rapidez por tres. Además, como ocurre en otras aves de presa, Marcela será hasta un tercio mayor que los machos de su familia, todo lo contrario que ocurre entre los cisnes, especie en la que la hembra siempre es menor. Por si fuera poco, la polluela es única porque probablemente se trata de la primera ave bautizada por un periódico: honor que Manuel Vázquez, cetrero desde los 15 años, ha concedido a El Correo de Andalucía. De ahí que se llame Marcela, por Marcelo Spínola, fundador del diario. Con ello, el halcón ya nace con un pan bajo las alas: si vela por los sevillanos con la mitad del afán con que lo hizo aquel cardenal, los cielos están seguros. Y si el cuento de dos halcones que nacieron en el aeropuerto de Sevilla y que tienen nombre de ser humano -uno Santiago por ser peregrino; la otra Marcela por ser su padrino El Correo- tiene enganche, aún gustará más cuando el que la narre comente que estos dos hermanitos son los primeros polluelos de ave rapaz que nacieron en San Pablo. Y no serán pocos los que ahora se estarán preguntando: "¿Aves rapaces en el aeropuerto?" 14 nada menos; y con casi total seguridad -y sin intención de faltar a nadie-, son los trabajadores más eficientes del recinto aeroportuario.

Su labor es evitar que otras aves invadan el espacio de las aeronaves mientras despegan o aterrizan. Porque, en el mejor de los casos, el choque de un ave contra un avión sólo produce graves pérdidas económicas al dañar su estructura; pero, en el peor de ellos, puede suponer el abatimiento del mismo y producir una pérdida que no tiene precio: la de la vida humana. Manuel Vázquez, responsable del servicio de control de fauna avícola del aeródromo de San Pablo, además destaca un quebranto más: "La pérdida de una joya de la biología que probablemente está en peligro de extinción." Y para evitar que alguno de estos tres supuestos ocurra, un total de 14 aves rapaces ­-equipo de vigilancia formado por halcones peregrinos, harris, gavilanes y colas rojas-, limpian por el sueldo de una perdiz al día las casi 530 hectáreas que ocupa el aeropuerto.

Porque, aunque antes se utilizaban aparatos fijos que asustaban a las aves mediante ruidos y otras estrategias, la madre naturaleza ­-como siempre- terminó ganando la batalla. Allá por 1968, los jefes norteamericanos de la base aérea de Torrejón de Ardoz andaban alarmados por las graves interferencias que provocaban las bandadas de sisones, a los que ninguna tecnología conseguía ahuyentar. El naturalista Félix Rodríguez de la Fuente propuso entonces a la comandancia militar una solución: los halcones. "La tecnología termina fallando, porque las aves se acostumbran a ella", declara Manuel. "Hace muchos años, en un día de verano, iba con mi halcón por un bosque de eucaliptos. Escuché disparos y, al ver la alambrada rota, pensé que se había colado un furtivo. Sigilosamente, le puse la caperuza al halcón para que no se asustase y seguí el sonido de los disparos. Esperaba coger al cazador in fraganti, pero el sonido me llevó hasta un cañón de gas que estaba dando trallazos. Mi sorpresa no fue esa, sino ver como una perdiz estaba tranquilamente comiendo bajo él", cuenta. Sin embargo, las aves no pueden acostumbrarse a los ataques de las rapaces porque "son su enemigo natural y el instinto les obliga a escapar". Por ello, siempre a cargo de Manuel, el aeropuerto de Sevilla emplea la cetrería desde hace 24 años; y actualmente, los halcones trabajan en otros 27 aeropuertos de la red de Aena.

Así, dentro de un mes y medio, el equipo de vigilancia de San Pablo habrá aumentado su plantilla de 14 a 16 operarios. Los nuevos fichajes y protagonistas de este cuento: Marcela, el halcón de El Correo, y su hermano, el peregrino Santiago.

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