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Marcha festiva en el adiós a las setas

el 19 jun 2011 / 18:50 h.

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 os indignados del 15-M arriaron ayer la bandera de su revolución pacífica y levantaron el campamento de las setas de la Encarnación con una multitudinaria manifestación-prólogo a la que, según datos policiales, acudieron unas 12.000 personas ­(50.000 según los convocantes) y que se desarrolló de forma pacífica y sin incidentes reseñables.

 

Encabezados por una pancarta con el lema "No hay democracia si gobiernan los mercados. No al pacto del euro", la protesta partió de la Plaza de España pasadas las siete y media de la tarde. Los participantes corearon lemas y enarbolaron decenas de pancartas en medio de un gran ambiente festivo del que tomaron parte no sólo jóvenes veinteañeros, sino familias completas con niños, matrimonios, jubilados y gente de toda edad y condición. Era el caso de Manuel Ceballos, que a sus 82 años presumía de ser el más veterano entre los rostros que asomaban por encima de la pancarta de cabecera.

"Esto no es democracia. Hace falta una nueva transición", aseguraba este poncino que ha estado durante casi un mes llevando comida a los acampados en las setas.

En esta manifestación, que llegó a tener una extensión de 700 metros, participaron indignados provenientes de las asambleas que se han ramificado por distintos barrios de la ciudad, así como de municipios como Dos Hermanas, Écija, Mairena y Alcalá de Guadaíra, entre otros.

Aunque la Policía había ordenado la retirada de los veladores de cafeterías y restaurantes tanto de la calle San Fernando como de la avenida de la Constitución, no se registraron incidentes reseñables. La propia organización dispuso un "cuerpo de paz", compuesto por 20 voluntarios identificados con petos amarillos, que se encargaron de velar por el pacífico desarrollo de la marcha. Como nota anecdótica, fueron estos controladores los que afearon la actitud de un energúmeno que logró encaramarse a la estatua del Cid en el Prado para, a lomos de Babieca, ondear una toalla a modo de bandera.

"Álvaro, así no ayudas", le gritaban desde abajo. Pero el tal Álvaro no hacía el más mínimo caso.
Los participantes exprimieron su talento para hacer pancartas con lemas de lo más ingenioso: "Mi dignidad no la compra el Mastercard", "Prefiero un volcán islandés a una hipoteca del Santander", "Ni gaviotas, ni rosas... queremos otras cosas", o "Disculpen las molestias, estamos cambiando el mundo para usted", fueron algunos de los enunciados.

Capítulo aparte merece también la pasarela de disfraces que vistieron algunos de los manifestanes: desde el pitufo azul que vive en las setas, hasta el banquero con traje a rayas y sombrero de copa repleto de billetes y antifaz al modo de los Golfos Apandadores del universo Gilito.


A las nueve de la noche, la cabecera de la manifestación alcanzó la fachada del Consistorio sevillano, momento que los manifestantes aprovecharon para corear otras de sus célebres consignas: "Ahí está la cueva de Alí Babá" y "El pueblo unido jamás será vencido".

Antes, los manifestantes guardaron dos respetuosos minutos de silencio en la Puerta de Jerez por "los agredidos" en Barcelona. Quedaba aún el fin de fiesta en las escalinatas de las setas.

 

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