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Marchando otra de símbolo eterno

Los sevillanos tardan dos minutos en hacer suyas las setas, para criticar... y alabar.

el 27 mar 2011 / 21:29 h.

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Pues bueno, llegó el día, se inauguraron las setas y no se abrió la tierra bajo nuestros pies, al menos de momento. Es verdad que todavía queda mucha tela de obra que cortar y que hubo trabajadores limpiando aquello hasta cinco minutos antes de la inauguración, y que de todo ello hablaba el personal que esperaba junto a las vallas, pero no es menos cierto que lo que estaba deseando todo hijo de vecino era que le dejaran pasear para ver aquello con sus propios ojos. Lo subrayó el propio alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, en su discurso inaugural: ahora cada cual que tenga criterio propio, y subrayó lo de propio.

¿Primeras impresiones a pie de setas? Pues que gustan. Una cosa son las críticas, que las hubo, por los dineros (a la mayoría le parece un disparate que se haya ido a los 100 millones de euros, aunque la verdad es que pocos se saben la cifra, lo que se dice es que se ha ido un dineral) y los retrasos, y otra muy distinta la impresión que se ha llevado más de uno al ver aquello. Muchos remates de obra no están muy finos, de acuerdo, pero la ciudadanía tardó dos minutos en hacer suyo el espacio formando sus primeras colas en el Antiquarium, sorprendiéndose con que hay juegos infantiles (un poco simplotes, eso sí) y césped en la bautizada como Plaza Mayor y copando en un momento todas las sillas para el concierto de la Banda Municipal.

La inauguración en sí fue cerrada al público y amenizada con varias protestas, sobre todo la de los eventuales de Tussam, que se colocaron en la escalera por las que accedían las autoridades y bien que se hicieron notar con su ruido. También contra el Ayuntamiento arremetía alguno que otro disfrazado (había un Zorro reivindicativo) y hasta en una terraza se hizo una performance crítica, pero la verdad es que de antemano se esperaba que iba a haber hasta más protestas.

Al absorber tan rápido el Metropol, la ciudadanía le dio sin saberlo la razón al alcalde, que en su discurso dijo que era cuestión de tiempo que el nuevo recinto “sea cantado como uno de los símbolos de la Sevilla eterna, como la Plaza de España”. Pelín exagerado es, pero ayer ya había miembros de la banda de cornetas y tambores del Cristo de la Sangre de San Benito haciéndose una foto a pie de seta.

En medio de tanto trajín, el delegado de Urbanismo, Manuel Rey, reconocía que sí, que era un alivio dar el carpetazo a los parasoles, pero lo decía con su puntito de melancolía. “Hombre, ahora me siento hasta un poco vacío, es como cuando sales de un examen en el que te has volcado”, como le ocurrió a él con unas setas en las que sólo le faltó dormir para dedicarles más horas. Admite el delegado que quedan muchos detallitos, pero asegura que para Semana Santa ya está despejado el cajón de obra que ahora tiene patas arriba la calle Imagen.

Entre el personal la principal sensación era de asombro, aunque los había que insistían en que aquello está muy apretado en la Encarnación, que no encaja bien. Cuestión de gustos, decían otros, rendidos al efecto Santo Tomás: en cuanto tocaron aquello con sus ojos ya se lo creían, ya les gustaba. Sólo una recomendación: hay que empezar a adecentar azoteas y terrazas altas del entorno, que ahora se ven estupendamente desde el mirador, con su ropa tendida y todo. Lo dicho, otro símbolo eterno que se integra en Sevilla.

La cosa no quedó ahí, porque hubo un chiquillo que en vez de un pan parece que traía una seta bajo el brazo. La Delegación de Convivencia y Seguridad informó ayer de que en el transcurso del dispositivo montado por la inauguración la Policía Local tuvo que asistir a una mujer de nacionalidad china que estaba en la Encarnación y se puso de parto.

Al ver que iba a dar a luz, los agentes la montaron en el patrullero rumbo al hospital Virgen del Rocío, pero se puso de parto antes de llegar y tuvieron que asistirla a la entrada de Manuel Siurot. Dio a luz en perfectas condiciones y fueron los propios agentes los que le cortaron con una navaja multiusos el cordón umbilical, que luego ataron para que no se produjera una hemorragia. Madre y pequeño (un varón que pesó 3,245 kilos) se recuperan sin problemas.

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