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Cultura

María Luisa Rojo: «Hay que elegir entre ser auténtico o vender»

María Luisa Rojo es una artista de esas que solemos catalogar como de raza. Sus libros de artista, sus lienzos y sus piezas de cerámica son la mejor prueba de ello.

el 20 dic 2014 / 09:00 h.

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Soria Por Gabriel Ramírez Lozano El sol de Madrid se empeña en caldear la ciudad aunque no es capaz. Parece más una bombilla que cumple con dar la luz suficiente y haraganea con el resto de su trabajo. La ciudad, conformista, sigue funcionando a su ritmo. Tal vez mucho más frenético de lo normal, envuelta en el aroma a Navidad. Porque Madrid huele a Navidad, a primavera, a tragedia o a protestas. Depende del momento. Me encuentro con María Luisa Rojo. Artista. Es una mujer menuda, de buen carácter, enamorada de la vida (al menos no deja de sonreír y lo interpreto como un signo de felicidad perpetua). Tomamos un café de esos que sirve una máquina acompañando el proceso de un ruido desagradable que hace pensar en el aceite industrial. Nos da igual. Aquí hemos venido a charlar sobre la obra de María Luisa y el resto forma parte del atrezzo. Le pido que me cuente cómo ha llegado hasta aquí, qué resaltaría de ese viaje que comenzó hace ya muchos años. Comencé con la cerámica. España era muy distinta a lo que es. No se encontraban lugares en los que se pudiera recibir clases de pintura. Pensé en hacerme guía y comencé a estudiar Historia del Arte. Fíjate qué cosas piensa uno de joven. Pero tuve suerte y encontré por el camino a don Amadeo Roca. Allí me esbocé como artista. Fue una época muy extraña. Veía, alrededor, un montón de personas que decían hacer arte y eran muy mediocres. Pero, lo peor, es que no lo sabían. Sentí un miedo atroz a ser como ellos. Finalmente, un buen día decidí dejar de fijarme en el entorno y di un primer paso por la senda de la búsqueda personal. Y aquí estoy reflexionando sin pausa, meditando, buscando, amando el oficio. Eso creo yo que es ser artista. Eso está muy bien y estamos bastante de acuerdo. Pero meditar, buscar o amar el oficio, no parece que sea muy rentable ¿no? El mundo del arte está y siempre ha estado en manos de lo que dictan las reglas del mercado. Hay que elegir entre ser auténtico o vender. Yo me decanté, hace muchos años, por ser auténtica. Lógicamente, tengo que buscar la forma de comer aunque eso lo encuentro es espacios que tienen que ver con el arte, pero no son mi estudio. Durante años, me dediqué a la pintura y sólo a eso. Hacía lo que quería, pero me sentí presionada (la vida nunca deja de hacer su trabajo) y cedí para tener unos ingresos fijos. Pero mi obra es intocable. Mientras hablamos de todo esto, voy mirando los libros de autor que María Luisa Rojo ha traído para que los pudiera ver. Son ejemplares que conmocionan por su belleza, por la profundidad conceptual, por todo lo que quieren abarcar que no es, ni más ni menos, que el universo entero. Desde su inicio. La artista hace uso de los materiales para que la obra crezca en el tacto, en la percepción del arte como el todo que forma con la realidad. De entre las obras que puedo ver, me quedo prendado con un pequeño lienzo que María Luisa ha llamado Qué más da. Una explosión de vida arranca desde el centro del cuadro. Y, entonces, hablamos de lo que representa el arte. Hacer arte es lo más importante. Eso hace que siga viva la llama de la esperanza. ¿Esperanza? Sí, esperanza en encontrar, eso, esperanza. En encontrar el sentido de la vida. Me gusta mucho este lienzo, María Luisa (me refiero a Qué más da). Es que representa muy bien lo que estaba diciendo. El arte es la búsqueda de equilibrio personal y del cosmos. Todo va unido. Pintar algo que no tiene nada que ver con la realidad es pintar un paisaje interior. ¿Lo ves? Es un estado interior, algo que tiene que ver con un sentido universal del arte, de una percepción universal que sólo puede llegar a través de una obra que el artista ha diseñado como un mapa de su mundo más íntimo. Es lo que llamo paraíso. Es lo que un artista se pasa la vida buscando. A ver, ¿me puedes explicar mejor eso de la búsqueda del paraíso? Búsqueda de la paz interior, la búsqueda de uno mismo o de un estado de ánimo concreto. Es llegar a un territorio más profundo más auténtico, que no tiene que ver con el ego y te hace pleno. ¿Qué más da todo lo demás? Es estar ausente y presente al mismo tiempo, una luz que se abre camino en las tinieblas. ¿En qué punto decides comenzar una obra? Parto del entorno, de algo que me inquieta y no sé bien por qué; pero algo se encuentra en la naturaleza y me conmueve; y eso me lleva a otro plano. Del destello, a la búsqueda y, de ahí, al encuentro. Eso sí, durante el trayecto, no suelo hacer bocetos. Tengo la sensación de gastar la obra. Pienso, si ya está resuelto ¿por qué seguir?. Y ¿después? Esto de hacer arte es un largo camino: llegado el momento vas desbrozando el conjunto hasta lograr sentir emociones. Avanzas intentando algo grande aunque no hay que pensar en la obra total y definitiva porque nunca llega. Es en ese camino donde se encuentra la plenitud. Y no en todas las obras que uno termina. Mientras seguimos viendo algunas de las obras que ha traído, charlamos sobre el mundo del arte en la actualidad, sobre los problemas a los que se enfrentan los jóvenes artistas. Y los veteranos, claro. Uno de los grandes muros que tenemos enfrente es que no suele coincidir lo que se intenta vender como arte con lo que gusta. Si a esto le añadimos que el mundo del arte está lleno de egos y críticos que lo único que buscan es escucharse a sí mismos y, además, que se ha perdido el amor por el oficio, por los materiales y sus usos; tenemos un panorama algo gris. Mira, por ejemplo, el material con el que trabajo en cada obra es fuente de inspiración en sí mismo. Observando ese material acaba saliendo la obra por sí sola. Es sorprendente cómo una mancha puede cambiar toda una obra. ¿A qué te referías cuando decías que no coincide lo que se vende como arte con lo que gusta? Pues a que es absurdo el culto por el feísmo, por la originalidad desatada como gran valor artístico en la actualidad. En realidad, yo siempre he querido pintar como Velázquez. Y me temo que le pasa a todo artista que ande suelto. Y lo mismo ocurre con los que quieren contemplar una obra de arte. Te garantizo que cualquiera prefiere un Velázquez a algo que no sabe ni lo que significa. ¿Las mejores obras son las que son fáciles y gratas de contemplar? Sonríe antes de contestar porque sabe que estoy siendo algo perverso al hacer esta pregunta. Las mejores obras son las que te enseñan absolutamente todo.

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