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Marín, entre el fotoperiodismo y la poesía gráfica

El Museo de la Autonomía acoge una muestra sobre su obra hasta mayo. El reportero retrató la España de inicios del siglo XX y revolucionó la prensa

el 28 feb 2013 / 21:40 h.

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El comienzo del siglo XX, con su pátina de romanticismo y su estela de miserias, nos resultaría mucho más ajeno de no ser por la artística labor que en buena parte de Europa desempeñaron una generación de fotoperiodistas. Reporteros que, cámara en ristre, revolucionaron la prensa, dejando testimonio gráfico de los horrores y las maravillas de aquellos años. Vicente Barberá Masip, Martín Vidal Romero, Ramón Claret Artiga, Contreras y Vilaseca o Dubois son algunos de los nombres que retrataron la historia de nuestro país en aquella época. En esta nómina despunta también el madrileño Luis Ramón Marín (1884-1994), pionero de la fotografía de prensa en España y un desconocido para el gran público. En los últimos años distintas entidades han reivindicado el trabajo de este fotógrafo, tratando de sacarlo del olvido al que le condenó el conflicto bélico y la oscura posguerra española.

Con esta idea, el Centro de Estudios Andaluces trae al Museo de la Autonomía de Coria la exposición de la Fundación Pablo Iglesias Marín. Fotografías 1908-1940. Hasta el 15 de mayo podrán contemplarse 67 imágenes, divididas en siete bloques -Familia real; Retratos; Entretenimiento y espectáculos; Hacia la modernidad; Mirada social; Segunda República, y Guerra Civil-, que reivindican a este artista, que llega por primera vez a Andalucía, tras asombrar a varias capitales europeas gracias al Instituto Cervantes.

Marín comenzó a publicar sus instantáneas en la prensa a partir de 1908. Durante 30 años desarrolló una fecunda actividad publicando más de mil fotos por año en el periódico Informaciones, a lo que hay que añadir su colaboración en revistas gráficas. Su última dedicación fue captar la guerra civil desde el Madrid sitiado. Terminada la contienda, su cámara fue silenciada por el nuevo régimen y su nombre desapareció de los periódicos. Pero la casualidad y, por qué no, una tardía justicia poética, llevó un día a su viuda y a a su hija Lucía Ramón Plá a descubrir, durante el trasiego de una mudanza, unos arcones olvidados que atesoraban el excepcional archivo fotográfico del artista. Sin saber muy bien qué hacer con aquel descubrimiento, que sumaba 18.296 negativos e imágenes, optaron finalmente por depositarlo en la Fundación Pablo Iglesias, para conservarlo y difundirlo como se merecía.

Gracias a este golpe de fortuna, hoy podemos reencontrarnos con un artista de cuidada estética, pero también con todo un reportero cuya labor documental nos permite, casi un siglo después, recomponer y esbozar aquella sociedad española a través de los personajes e hitos del momento, que desfilaron frente a su objetivo: el regreso de las tropas de Marruecos en 1910; la aviación, un banquete en homenaje a Valle-Inclán en 1925; Josefina Baker en su camerino en 1930; la elección del presidente de la II República Alcalá Zamora en 1931; o la evacuación de Teruel en 1937, entre otras.

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