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Marinaleda, la fortaleza roja

El cabeza de lista de IU por Sevilla, Juan Manuel Sánchez Gordillo, es alcalde desde hace 33 años con abrumadora mayoría del peculiar pueblo que expropió y socializó tierras para el trabajo jornalero.

el 16 mar 2012 / 21:21 h.

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En Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo está por todas partes. Su cartel electoral, en el que luce camisa de colores y su perenne pañuelo palestino, está por docenas en los muros, los cables de la luz, las fachadas de las casas, hasta en las papeleras. Y no hay carteles de nadie más. Es un símbolo de la omnipresencia del alcalde desde hace 33 años, y cabeza de lista de IU por Sevilla para el 25M, en un pequeño pueblo rural de 2.778 habitantes que ya figura en la historia como la aldea gala del comunismo en Andalucía: en Marinaleda se expropiaron tierras para que los jornaleros las trabajaran en cooperativas; se fomentó que cada vecino construyese su casa para que sólo pagara por ella 15 euros al mes; se instauraron los domingos rojos en los que se trabaja gratis para limpiar, montar la feria o lo que haga falta; y se decide en asamblea a qué se destinan los presupuestos. Un sistema con el que comulga la mayoría, que elección tras elección da al Sindicato Unitario de Trabajadores (SAT) de Sánchez Gordillo mayorías abrumadoras: ahora tiene 9 concejales frente a los dos del PSOE.

Pero también hay quienes, frente a la visión idílica del pueblo igualitario, cuestionan la mano de hierro con que el alcalde lo controla todo, acusan al Consistorio de favorecer sólo a quienes pasan por el aro y lamentan que este reparto haya derivado en una falta de ambición que ha dejado a Marinaleda sumida en el atraso, anclada al campo más tradicional, sin industrias, sin negocios, sin alternativas. Un vecino dice que siempre ha trabajado fuera del pueblo y nunca pidió una casa de autoconstrucción porque no quiere "tener que ir a una asamblea a aplaudir a nadie para conseguirlo, ni siquiera si estoy de acuerdo con lo que dice". Algunos empresarios denuncian presiones, que el alcalde niega tajantemente. Y la oposición va a más: habla de "dictadura", de represión y de agresiones, por las que hay numerosas denuncias cruzadas.

La mayoría de los vecinos de Marinaleda viven de cultivar la alcachofa, el pimiento y la aceituna en las 1.300 hectáreas de la finca municipal El Humoso, donde hay hasta un molino de aceite, y envasarlos en la fábrica de conservas. "Ahora deberíamos estar trabajando casi 300 personas, pero las heladas han destrozado la alcachofa. Esperamos empezar la semana que viene", lamenta Dolores Tejada, concejal y jornalera, porque en Marinaleda los políticos no están liberados. "El trabajo se reparte, y da para vivir. Cuando hay jornales se hace una asamblea, el que quiere viene, da igual que sea de los nuestros que de los otros", afirma Carmen Rueda, otra jornalera que ha estado "con Sánchez Gordillo desde el principio": en las luchas del campo, cuando se ocupaban fincas y se iba en autobús a Sevilla para presionar a cualquier consejería que no subvencionase los programas. "Gracias a él tenemos de todo: guardería municipal a 12 euros, gimnasio, polideportivo, piscina... la gente hace trabajo voluntario, el Ayuntamiento ahorra y pone las tasas baratas. No nos podemos quejar". Aunque este año hay paro. La ola de frío que ha estropeado la cosecha y la crisis, que ha devuelto a los albañiles al campo, hace que haya más manos para repartir el mismo trabajo que antes. Pero Rueda insiste: "En los pueblos de alrededor están peor".

También son muchos los que viven en las más de 300 viviendas de autoconstrucción del pueblo, como Rafa Prieto, que tiene en su salón una foto de Sánchez Gordillo, otra del Ché y una bandera de Palestina. Hizo su casa de tres dormitorios en cuatro años, porque lo alternaba con su trabajo de albañil. Ahora, mientras espera a que lo llamen de alguna obra, pinta cuadros de la Cuba revolucionaria. "Si dieran las 42 casas que hay pedidas habría trabajo para todos", dice, en alusión a que la Junta subvenciona los materiales y el trabajo se cooperativiza. Eso, y que el suelo es municipal, justifica los bajos precios.

¿Es un modelo exportable? El alcalde cree que "la filosofía de que los trabajadores se apropien de los medios de producción sí lo es. Aquí sólo hay cooperativas agrícolas, pero podrían hacerse para el turismo, la industria... y cooperativas de crédito para autofinanciarse y no depender de las subvenciones ni de los bancos", dice Sánchez Gordillo, conocido por calificar a los bancos como poco de ladrones y por soñar con expropiar a la duquesa de Alba sus propiedades. Un discurso tan radical que podría ser tomado a broma si no fuese porque Sánchez Gordillo, con su control sobre los mecanismos internos de ese maremagnum llamado Izquierda Unida, tiene un peso enorme en la coalición que el 25M podría volver a ser la llave de la gobernabilidad de la Junta, si el PP no logra gobernar en solitario.

Los dueños del bar Palo Palo, que esta noche se llenará gracias a un concierto de SFDK, formaban parte de esa mayoría de vecinos de Marinaleda. Eran cooperativistas y su casa es de autoconstrucción. Hasta que cogieron un bar. Se salieron de la cooperativa agrícola y cuentan que ahí empezaron los problemas: "El alcalde empezó a ponernos trabas, no nos daba los papeles". Al final montaron la sala de música, referencia en toda Andalucía. "Fue peor. Llevamos cinco años pidiendo la licencia de apertura y no nos la da, porque nos pide que cedamos un trozo del terreno y no queremos dárselo gratis". Pero el bar sigue abierto "y pagando los impuestos municipales". La pareja asegura no tener ningún problema con la política local, pero no entiende "esto de estás conmigo o contra mí". Considera que su negocio también es bueno para Marinaleda, y complementario con el campo.

Es algo que cuchichean algunos vecinos sin salir de casa. Lo dice desde el zaguán, sin asomarse a la puerta, una vecina de la zona de casas privadas, que se hicieron antes de que el SAT gobernase y han pasado de padres a hijos: "Las cooperativas agrícolas son buenas, pero no se deja que haya nada más. El polígono industrial está vacío, no se lo ponen fácil a quienes quieren invertir, cuando aquí al lado en El Rubio sí hay industrias. Si no trabajas en el campo no tienes alternativa; y los que han estudiado tienen que irse fuera", se queja esta vecina, que también lamenta la división en el pueblo: "Hay familias que han dejado de hablarse por política", asegura.

Es cierto que, por más que sea un pueblo pequeño, la ausencia de negocios llega a ser llamativa: apenas dos o tres bares, dos restaurantes, alguna pequeña tienda... "Es verdad, hay muy pocos negocios. Creo que hay poquita iniciativa por el propio sistema: la vivienda te la dan, el trabajo más o menos, y la gente va a lo fácil. Nadie se preocupa de buscar un porvenir mejor. Hasta los niños te dicen que para ir al campo para qué van a estudiar", reflexiona Antonio Tejero, dueño de una próspera ferretería Tejero con una mercancía de lo más variada, donde se acumula la clientela. "Tengo todo el negocio del pueblo", se enorgullece, antes de explicar que también se beneficia de la filosofía municipal: los impuestos son bajos, y él jamás ha tenido ningún problema. "Es verdad que no me acerco a nadie porque está muy mal visto. No soy del Sindicato ni del PSOE, yo les vendo a todos y me llevo bien con todos".

En algo coincide Jasmina González, jornalera de 24 años, que vigila a su niña en el parque mientras se muestra encantada con el entorno en el que está criando a sus hijos de 3 y 7 años, en el campo, con todo tipo de servicios públicos a precios baratos. Pero admite que en Marinaleda "el nivel es bajito" y se arrepiente de no haber estudiado. "Yo lo dejé por vaga, y me tenía que haber sacado al menos el graduado escolar. Cuando toca plantar la alcachofa en julio me acuerdo, no te creas". Su hermana, que vive en Barcelona, se espanta cuando la visita. "Siempre dice que estamos muy atrasados, aunque yo creo que el nivel de vida es bueno. Y tenemos el mejor alcalde del mundo".

El más duro con el regidor es el concejal del PSOE Mariano Prados, que lleva cuatro legislaturas frente a él. Lo acusa de gestionar las cooperativas "como le da la gana", de obligar a la gente a ir a asambleas y huelgas para lograr trabajo o casa, de hacer chanchullos abusando de su mayoría absoluta, de engañar a la gente, de amedrentar a quienes piensan distinto... "La gente tiene miedo a perder el trabajo, por eso le votan".

El incombustible líder jornalero solventa las críticas de un manotazo: "¿Qué van a decir? Ven que todo va bien, que la lucha funciona, y algo tienen que criticar. Todo lo que dicen es mentira".

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