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Martes Santo: Sevillanía del Cerro a Santa Cruz

Cuando llega este día, el lugareño y el foráneo están ya bien situados en el escenario de la urbe.

el 30 mar 2010 / 10:10 h.

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Si quiere mostrar a un visitante los entresijos de la Semana Santa de Sevilla, posiblemente debería elegir el Martes Santo para invitarle, jornada en la que se funden todas las maneras de entender los días grandes, desde el barrio más profundo hasta el Centro más clásico. Desde el Cerro a Santa Cruz, la calle Feria y San Lorenzo también tienen protagonismo. Y no crean que falta Triana, pues desde Luis Montoto sale una Virgen con aires del otro lado del río.

Para comenzar el día, nada mejor que dejarse caer por el Cerro del Águila a eso del mediodía y empaparse del ejemplo de lo que es una cofradía de un barrio de Sevilla, situado en cualquier lugar de Afán de Ribera, tanto vale uno de sus buenos bares como la misma acera. Y si tiene tiempo hasta la próxima salida, deguste el andar tan largo como desconocido del paso de misterio por la avenida de Ramón y Cajal.

A eso de la hora tercia, tiene para elegir. La explosión de júbilo de San Benito, una de las cofradías más populosas de la ciudad que hace que en La Calzada se respire algún aire trianero; el recogimiento de Los Javieres -anote también el reposadísimo andar del paso del Cristo de las Almas-; y el sabor de Puerta de Carmona que tiene la salida de San Esteban, con el sabor añejo que aportan los mandos de la familia Ariza, que hace cuatro años ya que recuperó la cofradía que ya sacaran sus antepasados hace décadas.

Poco después sale a la calle San Fernando los Estudiantes, cuya sola presencia desprende un ambiente académico al que contribuyen los guiones de las facultades que conforman la Universidad Hispalense. Cientos de penitentes escoltan al Cristo de la Buena Muerte, obra de tal dimensión la que tallara Juan de Mesa que no necesita más que un paso lineal, sobrio y sin demasiados avalorios. Sin embargo, tras él discurre la Virgen de la Angustia en uno de los pasos de palio más originales y característicos de la ciudad, una auténtica joya que Joaquín Castilla legó a la Semana Santa de Sevilla.

La tercera y última cofradía de negro del día es Santa Cruz. Su nombre lo dice todo sobre el marco, el entramado de calles universal que rodea la parroquia de la calle Mateos Gago sirve de escenario de los primeros compases de una cofradía especial. En primer lugar por el genial Stabat Mater, acertadamente recuperado hace pocos años, dispuesto sobre un gótico paso adornado de exquisita manera con tablas pintadas. Y detrás la Virgen de los Dolores, en un palio de pequeñas dimensiones pero gran valor. Pocas cosas hay más sevillanas que el regreso por Mateos Gago a los sones de la Banda del Maestro Tejera. Un momento sublime para todos los sentidos.

Las dos de blanco. Contra el habitual atuendo negro de ruán, no son muchas las que usan el blanco completo con cola y ajustado al cinturón de esparto. De hecho son sólo tres, San Gonzalo el Lunes, y hoy Martes le llega el turno a dos cofradías que, sin solución de continuidad, parecen una sola en Carrera Oficial al generar un río de blancos capirotes. Con su paso de misterio, el de Cristo y dos palios, la gran cofradía que forman la Candelaria y el Dulce Nombre durante algunas horas inunda de blanco de pureza el centro de la ciudad.

La primera, la Candelaria, tiene el privilegio de ser la única cofradía de la Judería. Aunque no llega a mezclarse en las recoletas calles del barrio, sí que es protagonista de uno de los momentos clave de la Semana Santa, el paso por los Jardines de Murillo, aunque también es recomendable seguirla por Santa María la Blanca, cuando a la cofradía ya le pesa el cansancio.

Mientras tanto, el misterio de la Bofetá enfila sin solución de continuidad Hernando Colón, la Plaza Nueva y Tetuán. El clasicismo del misterio es tremendo. Desde el propio paso a la escena tallada por Castillo Lastrucci, todo se vuelve uno para dar buen ejemplo del canon a la hora de pasear un misterio. A ello contribuye la cuadrilla mandada por los hermanos Gallego, siempre al frente, y los sones de la Banda de Cornetas y Tambores de Las Cigarreras. Antes de su llegada a San Lorenzo, merece la pena inmiscuirse en el íntimo discurrir de la cofradía por Jesús del Gran Poder hasta la vuelta de Conde de Barajas. Y detrás, el colmo del clasicismo hecho paso de palio. A María del Dulce Nombre la acompaña San Juan en un palio tan dulce como el nombre de su Virgen. Si escuchan tras él María Santísima del Dulce Nombre del maestro Lerate e interpretada por La Oliva de Salteras, estarán muy cerca del cielo y será el mejor momento para retirarse y soñar para siempre con el sevillanísimo Martes Santo.

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