Cultura

Martín Núñez puso el ritmo y Jiménez Fortes la personalidad

El elemento guiri volvió a ser mayoría en los tendidos maestrantes en una novillada que no logró llenar ni un cuarto de plaza aunque luego pasaran cositas más que interesantes.

el 16 sep 2009 / 08:41 h.

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA

Ganado: Se lidiaron seis novillos del Conde de la Maza, desigualmente presentados. El primero resultó noble. Muy brusco y complicado el segundo. Desigual y cambiante el tercero, el cuarto acabó entregándose. El quinto fue brusco y se quedó corto y el sexto, muy deslucido.

Novilleros: Martín Núñez, vuelta al ruedo tras petición y vuelta al ruedo tras aviso.

Fernando Labastida, silencio y silencio.

Jiménez Fortes, silencio tras dos avisos y palmas de despedida.

Incidencias: La plaza registró un cuarto de entrada. Llovió débilmente.

El elemento guiri volvió a ser mayoría en los tendidos maestrantes en una novillada que no logró llenar ni un cuarto de plaza aunque luego pasaran cositas más que interesantes. El primero había hecho algunas cosas raras de puro zapatón. Tropezándose con sus propias manos, el novillo llegó a la muleta con altas dosis de nobleza y una embestida cadenciosa que fue muy bien aprovechada por el sevillano Luis Martín Núñez para construir una faena suave, de verdadera personalidad, vertebrada en muletazos cadenciosos y templados, de auténtico ritmo interior, a los que le faltó el refrendo de una espada más efectiva. Sea como fuere, al hijo del capataz del Manuel le tuvo que saber a gloria la vuelta al ruedo.

Pero la prueba más concluyente llegó con el cuarto, un novillo brusco y manso que se acabó entregando a medias en la muleta del sevillano que, pese a sus lagunas, no volvió la cara. Convencido de lo que hacía, le recetó un puñado de muletazos plenos de sabor en una faena de intensidad creciente que alcanzó su mejor tono al natural. Lástima de espada. En cualquier caso, ése es el camino. Que no lo pierda.

El mexicano Fernando Labastida se presentaba ayer en Sevilla, debutando con un novillo protestón, brusco y complicado que no le puso las cosas nada fáciles. Cuando puso en orden sus ideas llegó a arrancarle dos o tres muletazos de mérito pero la faena nunca tuvo hilo mientras el utrero embestía como un gato rabioso y cantaba su condición de manso. Con el quinto, descompuesto y corto de viajes, puso toda la voluntad del mundo sin encontrar el eco del tendido.

El malagueño Jiménez Fortes también se presentaba ayer en el coso del Baratillo y supo mostrar un concepto firme en el planteamiento y bello en las formas. Ya había brillado con el capote al lancear al tercero, un novillo desigual y cambiante que no arredró al debutante. Jiménez Fortes aguantó los parones y las miradas en una valiente y asentada labor culminada entre los pitones del novillo, ligando ocho tras ocho con valor del de verdad y auténtica personalidad. Lástima que con la espada sea una auténtica calamidad. Con el sexto, que fue un regalo, había poco que hacer. El novillo se volvía en una loseta y así era imposible. Pedía dominio, nada de pases de manual.

Y en el recuerdo de todos los profesionales, la memoria del banderillero Ramón Soto Vargas. Un novillo del Conde acababa con su vida otro trece de septiembre de hace diecisiete años. Vaya coincidencia...

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