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Martina armó el belén en el garaje

Su primer parto duró 14 horas, pero el segundo fue tan rápido que Sonia ni siquiera tuvo tiempo de llegar al hospital: Martina no tardó ni una hora desde que le provocó el primer dolor hasta que decidió nacer en el garaje de su casa.

el 15 sep 2009 / 15:37 h.

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Su primer parto duró 14 horas, pero el segundo fue tan rápido que Sonia ni siquiera tuvo tiempo de llegar al hospital: Martina no tardó ni una hora desde que le provocó el primer dolor hasta que decidió nacer en el garaje de su casa, donde nació con la ayuda de unos vecinos, una pareja de policías locales y el 061.

"En ese momento no pensaba en nada, no me dio tiempo", explicaba ayer Sonia Piñana, de 33 años, desde su habitación del hospital maternal Virgen del Rocío, donde madre e hija descansan ahora en perfecto estado. Se despertó a las cinco y cuarto de la madrugada con dolores de parto y avisó a su marido para marcharse, pero estaban entrando en el garaje del bloque, en la calle Médicos sin Fronteras de Sevilla Este, cuando Martina decidió presentarse. Ya no hubo nada que hacer. "Me eché al suelo, de rodillas, y así nació".

Ese momento quizá fuera el más impactante para su marido, Salvador González, comercial de 39 años. "Yo acerqué la mano y le toqué la cabeza, que ya estaba fuera". Se quedaron allí mismo, en un pasillo, taponando la puerta de entrada al garaje, por la que los vecinos comenzaban a salir para ir al trabajo. Así que uno de ellos fue a avisar a otro, médico, que bajó a echar otra mano -ésta un poco más profesional-, mientras llegaba la ambulancia.

A Salvador, al que no dejaron entrar en el parto de su primer hijo porque tenían que realizar un pequeño corte a su mujer, ya nunca más le van a impresionar "los documentales de National Geographic". Pero, por suerte, tampoco tuvo tiempo de pensar demasiado: la niña nació rápido y bien, y como explicaba el padre, "muy guapa, muy parecida a su hermano mayor", Salvador, de tres años. Ya tenían decidido que se llamaría Martina, "porque nos gustaba a los dos y también a su hermano, que fue el que animó a tomar la decisión", explicaba la madre.

El padre sólo sufrió un poco de angustia hasta que la niña lloró, ella sola, sin palmadas en el culo ni nada. "Cuando nació la envolví en mi camisa y arrancó a llorar sola, y ya me quedé tranquilo", explicaba Salvador. Eran las seis y media de la mañana.

El vecino ató el cordón umbilical con un guante de látex, a falta de algo mejor, mientras llegaban una pareja de la Policía Local y el 061. A la agente municipal la dejaron helada al ponerle a Martina en los brazos mientras los médicos ayudaban a la madre, que estaba "todavía tendida en el suelo, con dolores muy fuertes, la pobre", ya que hasta que no estuvo en la ambulancia no le sacaron la placenta. El otro policía se retiró con discreción, porque a esas alturas el garaje era ya casi el camarote de los hermanos Marx entre vecinos, policías y médicos.

Con Martina ya envuelta en mantas térmicas para que no cogiera frío, Sonia fue llevada al hospital, donde con tres puntos de sutura solventaron todos sus males.

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