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Más de 1.000 personas visitan en su primer día el mirador de Metropol Parasol

el 04 may 2011 / 16:16 h.

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Primeras visitas al mirador de la Encarnación.

Será cosa de la propia ciudad, hacer ruido por todo. Ayer a media mañana lo difícil era encontrar una sola persona que no saliera encantada de su paseo por la pasarela y el mirador del conjunto Metropol Parasol de la Encarnación. Su primer día visitable se saldó con más de 1.000 personas que aparcaron sus ansias de rebujito y lunares para ver cómo es la ciudad en la que viven desde la considerable altura de la obra que diseñó el arquitecto alemán Jürgen Mayer.

Que para los de aquí sean setas y para los de fuera, en su mayoría, gofres, es lo de menos. Cuando se sube a 28,5 metros de altura y se observan imágenes como la Giralda y la Catedral en fusión óptica con el puente del Quinto Centenario lo único que importa es darle al botoncito correcto de la cámara y llevarse la postal. A los turistas les encanta encaramarse a lo alto de lo que sea y sentir que la ciudad que pisan es más suya que de otros. Por eso los miradores aquí y en Pekín triunfan que da gusto.

Casi podría afirmarse que lo primero que un guiri pregunta al recepcionista de un hotel al llegar es a qué sitios se puede subir. Berlín tiene su torre de radiotelevisión, París vive enamorada de la Torre Eiffel, en Italia la de Pisa hace las veces, y en Sevilla, doblete, Giralda y Metropol Parasol. Ayer opinaban algunos que acabaría ganando el segundo, más que nada porque desde él se puede contemplar el campanario de la Catedral. "Es como en Nueva York, mejor subirse al Rockefeller que al Empire State, desde el primero ves el segundo", opinaba Juan Carlos, cámara reflex al hombro. Claro que no todo es arrebatadoramente bello.

Algunos vecinos de la zona andan un poco sonrojados por el poco lustre de unas azoteas en las que se exhiben impúdicamente aires acondicionados de la época de Naranjito junto a coladas en la que se advierten las prendas más mundanas que pueda usted pensar. No importa. Todo es radicalmente urbano. Una obra del siglo XXI en una ciudad "eterna y barroca" que dicen los cuentos. Un balcón en el corazón de la ciudad que, como mínimo, ofrece una vista jamás contemplada.

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