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Más de 150 mascotas descansan en el cementerio de animales de Mairena del Aljarafe

Inaugurado hace más de 25 años, depende de la Sociedad Protectora de Animales de Sevilla y cuesta entre 65 y 106 euros por tres años.

el 28 nov 2009 / 18:15 h.

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Los nichos del particular cementerio.

"La vida más bella es aquella que he pasado contigo", reza una de las lápidas más longevas del cementerio. Es un mensaje de amor a Nora. No era una hija ni una madre, pero era sin duda, una mejor amiga. Nora era una perra que, al fallecer, fue a parar, por petición expresa de sus dueños, al cementerio que la Sociedad Protectora de Animales tiene en Mairena del Aljarafe desde hace un cuarto de siglo.

Francisco Hernández, el director del recinto, abre la cancela de este camposanto tan particular, en el que reposan los restos mortales de más de 150 mascotas, en su mayoría perros, aunque también descansa algún gato, como Lili, que falleció en 2000. Ella tiene un sitio preferencial en el cementerio, ya que, aparte de contar con su nicho, también figura en un panteón familiar: su fotografía ilustra una lápida en la que también hay otras dos instantáneas: la de sus compañeros en vida Nanita y Chispita, dos perros que dejaron de lado las diferencias entre animales gracias a la ternura de sus dueños, que les regalaron un mensaje para la eternidad: "Volasteis al cielo y nuestros corazones también".

La mayoría son los llamados perritos falderos, que son los que "más cariño transmiten a sus amos": yorkshire, pekinés y un largo etcétera. En esa lista se incluye Chico, fallecido hace 13 años. Junto a su lápida, se siente un ruido. Un gruñido tal vez. La dedicatoria lo pone claro: "Te queremos gruñón". Y justo al terminar de leerlo empiezan los ladridos. Por suerte, sólo se trataba de un can escondido en el lugar, algo que no es de extrañar porque el cementerio está dentro del centro de acogida, donde se hospedan perros, gatos, patos, pavos reales, tortugas y hasta un caballo.

El cementerio era en principio una simple parcela. Pero la demanda -y la lógica falta de espacio- llevó a que, a finales de los 80, se colocaran los primeros nichos. Tal vez en esa primera hornada estaba Toby, que llegó hace dos décadas. Y, desde ese día, el dueño abona la cuota: de 65 ó 106 euros por tres años, dependiendo si es o no socio.

El amor por los animales no tiene límites. Los dueños van regularmente de visita. Pero con una excepción: el 1 de noviembre, Día de los Difuntos, la lógica los empuja a ir al cementerio de los humanos. "Una semana después vienen aquí", aclara el encargado. Pero también hay otros que van cada sábado a devolver ese cariño que le brindó su mejor amigo durante años.

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