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Más de once horas de cantes, salves y plegarias a la Blanca Paloma

La fe rociera no entiende de crisis. O al menos ésta no restó ayer calor emocional a uno de los momentos culmen de la Romería, la presentación de las 106 hermandades filiales ante la Virgen del Rocío. El calor ha hecho especialmente duros los caminos, de ahí que llegar a sus plantas haya sido este año toda una conquista.

el 16 sep 2009 / 03:34 h.

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La fe rociera no entiende de crisis. O al menos ésta no restó ayer calor emocional a uno de los momentos culmen de la Romería, la presentación de las 106 hermandades filiales ante la Virgen del Rocío. El calor ha hecho especialmente duros los caminos, de ahí que llegar a sus plantas haya sido este año toda una conquista.

Algo tendrá esta Romería cuando hasta Dominique Lapierre, todo un trotamundos para el que pocos rincones del planeta guardan aún secretos, sentencia sin tapujos que no conoce "en toda la tierra una manifestación de fe, de belleza y amor como El Rocío". El escritor y filántropo francés ha hecho el camino con la hermandad de Los Palacios por tercera vez en su vida y ha quedado tan prendado de las "virtudes" y la "verdad" que encierra esta tradición de la "España profunda" que, ahora, para él, el mundo se divide en dos tipos de gente, "los que han hecho El Rocío y los que no".

A la primera categoría pertenecen por méritos propios los miles de devotos, peregrinos y romeros que, repartidos en 106 grandes familias, renovaron ayer su voto de amor a la Blanca Paloma en un año de desasosiego económico para muchos hogares. La Romería de 2009 arrancó un año más con la presentación de las hermandades ante el santuario almonteño, una auténtica maratón de cantes, salves y plegarias de más de once horas de duración que daba inicio minutos antes del mediodía con las palabras de bienvenida del presidente de la hermandad Matriz de Almonte, José Joaquín Gil Cabrera. Con el repique jubiloso de las campanas del santuario como banda sonora, una a una, por riguroso orden de antigüedad, las embajadas rocieras, allegadas desde los más diversos puntos de la geografía nacional, fueron rindiendo pleitesía, cada a una a su manera y haciendo gala de sus peculiaridades autóctonas, a la Patrona de Almonte.

Villamanrique, la más antigua entre las filiales, abrió esta gran parada rociera, acompañada en esta ocasión por una de sus hermandades ahijadas, el Puerto de Santa María. Los gaditanos cumplían sus bodas de oro en los caminos y se unieron a su madrina para, de común unión, confundiéndose los peregrinos de una y otra hermandad, presentar en paralelo ambos Simpecados ante la Blanca Paloma. El de Villamanrique tirado por bueyes, el de El Puerto por enjaezados mulos; uno representado por una pintura de la Virgen, el otro por una escultura; el uno adornado con rosas rojas, el otro con flores naturales sobre el techo de la carreta; uno entonado en rojo, el segundo con colores amarillo y verde. Dos formas de entender El Rocío, una misma devoción.

Se iniciaba de esta forma una de las presentaciones más extraordinarias que se recuerdan por el alto número de hermandades, cuatro en total que, celebrando algún aniversario fundacional, realizaron su presentación oficial ante la Virgen en compañía de sus respectivas madrinas. Ni siquiera el tremendo calor ambiental, con más de 30 grados en la explanada del santuario, pudo con esta demostración de amor a la Virgen.

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