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'Más valen varios líderes unidos que uno solo en una metrópolis'

Lidera un plan de intercambio de datos e investigación en 35 países, el Proyecto de Austeridad Fiscal e Innovación Urbana, y es el autor del mayor estudio mundial sobre gobiernos locales. Esta semana estuvo en Sevilla y reflexionó sobre su área metropolitana, donde cuestionó una autoridad única.

el 15 sep 2009 / 02:29 h.

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Lidera un plan de intercambio de datos e investigación en 35 países, el Proyecto de Austeridad Fiscal e Innovación Urbana, y es el autor del mayor estudio mundial sobre gobiernos locales. Esta semana estuvo en Sevilla y reflexionó sobre su área metropolitana, donde cuestionó una autoridad única.

-Usted ha elaborado el mayor estudio mundial sobre gobiernos locales y aquí es un desconocido. ¿Puede explicar a los españoles cuál es su trabajo?

-Llevo 20 años vinculado al Proyecto de Austeridad Fiscal e Innovación Urbana, a través del cual hemos estudiado a alcaldes, concejales, administradores, sindicatos, patronales, agentes sociales y su influencia en los gobiernos locales, y también políticas fiscales, de la mujer, del medio ambiente, de la educación y de la sanidad. Podemos así comparar ciudades y su educación, hospitales, transportes... en muchos lugares del mundo, en un estudio único.

-¿Y como queda Sevilla?

-(Responde su colaboradora para España María Ángeles Huete): En general en España, y el caso de Sevilla es aplicable, los consistorios sólo usan unas pocas fórmulas para aumentar sus recursos: subir impuestos, negociar la deuda a largo plazo y externalizar servicios, cuando él propone hasta 33 para optimizarlos. Eso sí, en Alcalá de Guadaíra han copiado el sistema norteamericano y junto al alcalde [Antonio Gutiérrez Limones (PSOE)] gestiona la ciudad un gerente. (Retoma el hilo en entrevistado): Con el Proyecto de Austeridad Fiscal e Innovación Urbana he conocido al profesor Clemente Navarro y estos cuatro años de colaboración han dado excelentes resultados.

-Usted sostiene que las decisiones sociales pesan más que las económicas.

-Si crees que el medio ambiente es importante puedes conseguir que la gente pague más por ir a un hotel que aparezca como ecológico y amigable que a otro convencional, con más servicios. Está el caso de los combustibles fósiles, más baratos aún que la energía solar que de momento se desarrollan con subvenciones estatales. Porque ya hay sensibilidad con la ecología, y pesa al final más que la política económica.

-Parece que algo así sucede ya en el área metropolitana de Sevilla.

-Los carriles bici y las bicicletas de alquiler son un elemento poderoso. Dan la oportunidad a los residentes y a los turistas de desplazarse ¡y rápido! en un entorno que tiene un problema de tráfico. Es bueno y ecológico, y ese modelo ahora lo discute Chicago.

-¿Cuál es precisamente la experiencia de Chicago en su salto a un área metropolitana?

-El alcalde actual [Richard Daley (demócrata)] lleva en el poder desde 1989 pero aprende rápido y ha pasado de lo local a lo global. Trae ideas de sus visitas a Pekín, a Noruega, siempre está con la cámara fotográfica. Y ha incorporado un complejo donde uno se puede duchar después de coger la bicicleta y no llegar sudado al trabajo. Y ha sido una revolución. Chicago ha pasado de ser la ciudad del crimen y de Al Capone a la mayor industria del ocio. Sevilla también tiene muchos turistas. Y para hacerlos felices tienen que participar en lo que hacen los residentes. Por eso a los extranjeros nos gustan tanto las corridas de toros: las ven los sevillanos y eso las hace auténticas.

-Pero, ¿en qué se concretan esas ideas nuevas en Chicago? ¿Sirven para la Gran Sevilla?

-Una pequeña población del Gran Chicago tuvo una idea muy simple: dio semillas a varios conciudadanos con la idea de crear una cadena. Esos ciudadanos se las debían entregar a otros 10. En pocos meses toda la población estaba llena de flores, unas plantas que constituyeron su seña de identidad. Y a la vez, se crearon lazos entre los vecinos, llegados casi todos recientemente, como pasa en los alrededores de Sevilla. Otra población pidió a sus vecinos obras de arte en préstamo durante seis meses para adornar escuelas, estaciones, parques y otros espacios. Llegaron gratis obras de todos los rincones de EEUU. Las dos medidas fueron inteligentes y baratas.

-¿Y errores?

-Además de intentar estandarizar los autobuses, un ejemplo curioso de una mala idea se produjo cerca de mi casa. Hasta el año 2000 subsistía el cuartel general de Al Capone. Un hotel entero. Un atractivo turístico en el que se podría haber hecho un museo. Nadie discute que se hubiera llenado de turistas. Pero lo echaron abajo. "No honraremos a un mal tipo", expusieron las autoridades.

-Usted es de los que creen que las jerarquías metropolitanas no son buenas.

-Lo que mejor funciona para solucionar esos problemas que sobrepasan la capacidad de las ciudades pequeñas, como el transporte, el medio ambiente, la polución, el agua o la educación son los contratos voluntarios entre gobiernos locales. Discuten los problemas y encuentran soluciones entre todos, a veces a nivel político, a veces sólo en el técnico. En Chicago -y su estado, Illinois, es el que tiene más gobiernos locales de EEUU- se intentaron estandarizar los autobuses. Hubo resistencias a los vehículos más grandes en poblaciones en las que bastaba uno con seis o siete plazas. Luego está ese ejemplo espectacular de Suiza y su rechazo a los líderes carismáticos, frente al contagio entre los políticos españoles de la figura del macho, el torero. Lo mejor es tener pequeños líderes trabajando juntos, en lugar de uno que concentre mucho poder.

-¿Qué conclusiones salen de su estudio sobre los gobiernos locales?

-Nunca hay bastante dinero, pero, existen muchas maneras de lograr pequeños cambios y así conseguir mejores servicios con un costo menor. Se pueden conseguir ayudas de la UE, del Gobierno, de asociaciones... y los gobiernos locales encuentran maneras de trabajar juntos.

-Ponga algunos ejemplos.

-El más claro: cuando comienzan a comunicarse dos departamentos de un mismo gobierno local que antes no se intercambiaban información.

-Eso en cuanto a los gobernantes, ¿y los gobernados?

-Cada vez le importan más a los ciudadanos el consumo, las artes, el ocio. Los líderes deberían saberlo. Por ejemplo: en el centro de Sevilla se han instalado jóvenes con un estilo de vida bohemio, pero con cierto poder adquisitivo. Esta marcha al centro se ha reproducido en otras ciudades de Europa. Cambia su paisaje e incluso ha cambiado el sentido del voto, como ha pasado en las recientes elecciones municipales de Francia. No son los burgueses tradicionales: estos jóvenes tienen un profundo sentido estético y quieren mantener auténtica la vieja Sevilla.

Y eso es un mensaje importante para los políticos, que, por ejemplo, podrían instituir premios a la auténtica cocina de Sevilla. Es una ciudad sofisticada y sus políticos deben fomentar todo eso. Tampoco pueden sentarse en su despacho y esperar a que venga la gente, sino salir a preguntar, trabajar por conocer sus aspiraciones. Es una revolución en el estilo de gobierno.

-Habla de un cambio político, pero entre sus teorías está que se difumina la barrera clásica entre izquierda y derecha.

-Sobre eso trata el último de mis estudios traducido al español, La nueva cultura política (Miño Dávila). Ya no cuenta tanto la lucha de ricos contra pobres como temas como la mujer, la ecología, los derechos humanos, el arte y la cultura. De esa preocupación social han salido las leyes españolas como la del matrimonio homosexual, y de ahí salió antes la ruptura de Tony Blair con los sindicatos. Se trata de nuevas medidas sociales, no económicas.

-Es el momento de que explique qué es eso del Proyecto de Austeridad Fiscal e Innovación Urbana.

-Intento mostrar cómo países y ciudades cambian sus políticas. Los estados gastan cada vez menos y otorgan más recursos a los gobiernos locales. Y eso redunda en ciudadanos más contentos porque las políticas se enfocan desde una perspectiva más cercana. Paralelamente, cada vez pesan más los impuestos indirectos. Pero yo no digo que eso sea necesariamente bueno.

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