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'Mata como mataba tu padre'

"¡A ver si matas como mataba tu padre!". Un grito salió del tendido de la Plaza de la Maestranza de Sevilla. La gente se volvió a mirar sin saber de dónde venía la voz, pero la voz ya se había escondido en la muchedumbre. Sólo se oyó una vez. Helio Montero no estaba en la plaza aquella tarde a principios de los 60, pero ayer recordaba la historia.

el 15 sep 2009 / 17:22 h.

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"¡A ver si matas como mataba tu padre!". Un grito salió del tendido de la Plaza de la Maestranza de Sevilla. La gente se volvió a mirar sin saber de dónde venía la voz, pero la voz ya se había escondido en la muchedumbre. Sólo se oyó una vez. Helio Montero no estaba en la plaza aquella tarde a principios de los 60, pero ayer recordaba la historia como si hubiera sido él quien lanzó aquel grito al ruedo el día en que toreaba M.M., el hijo del hombre que había matado a su padre al poco de estallar la Guerra Civil. "Mata como mataba tu padre... se lo dijo la Maestranza", repetía ayer Helio con algo parecido al orgullo, y después, más bajito: "Y el padre de M.M. nunca fue torero".

Ayer hubo una concentración de un centenar de personas en la plaza de la Gavidia, a las puertas de la Consejería de Justicia, reclamando al Gobierno andaluz que pusiera día y hora para abrir las fosas sin nombre del franquismo. Las asociaciones andaluzas de la Memoria Histórica reclaman una política clara de exhumaciones que sirva para sacar de los barrancos, las cunetas y los bosques a los desaparecidos, represaliados y fusilados de la dictadura. A Helio, "con h", le bastaba ayer con recordar en voz alta quién fue su padre y quién fue "el hombre que lo asesinó".

El padre de Helio se llamaba Manuel Montero, era de Marchena, como la familia del torero, y trabajaba en la Casa del Pueblo. En el 36 le sacaron de allí a rastras para fusilarle y entre el grupo que se lo llevó estaba M.M. padre, que llegaría a ver a su hijo tomar la alternativa en la Maestranza en 1957. "Mi padre llevaba un anillo con sus iniciales grabadas: M de Manuel y M de Montero, las mismas iniciales del hombre que lo mató. Después de dispararle sacó el anillo del dedo de mi padre, se lo puso en la mano izquierda y siempre lo llevó consigo", recuerda.

Años más tarde Helio intentó hablar con aquel hombre, que trabajaba vendiendo fincas en Sevilla. "Me hubiese gustado decirle: 'Le compro el anillo. Se lo cambio por todo lo que tengo'. Pero no tuve oportunidad", dice. M.M. padre murió antes de que Helio pudiera hablar con él, y su hijo pasó de torero a banderillero después de sufrir una cornada importante en el muslo el mismo año en que había tomado la alternativa. Murió en 1982 en una plaza de toros, fuera de Andalucía, después de sufrir un ataque al corazón.

La primera reivindicación de ayer del centenar de hijos y nietos víctimas del franquismo consistió en dar un paso adelante y recordar en voz alta la memoria de su familia. La mayoría eran ancianos, como Helio, agarrados a un retrato en sepia bajo un rótulo necrológico: "Desaparecido". "Fusilado". La historia de las víctimas del franquismo parece un agujero negro en el tiempo: ancianos sosteniendo las fotografías de unos jóvenes que resultan ser sus padres, y que nunca envejecieron tanto como sus hijos.

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