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Matiz en blanco

Cómo examen de fin de curso de la escuela de teatro los alumnos representamos una selección de textos que llamamos Matices, titulo con el que expresábamos las diferentes interpretaciones que un texto puede tener según el interprete que lo representa.

el 16 sep 2009 / 07:57 h.

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Cómo examen de fin de curso de la escuela de teatro los alumnos representamos una selección de textos que llamamos Matices, titulo con el que expresábamos las diferentes interpretaciones que un texto puede tener según el interprete que lo representa. Son matices, pequeñas diferencias, las que distinguen a un actor de otro. La cantidad de matices vocales, expresivos, la capacidad de ofrecer diferentes lecturas al público, era el objetivo de nuestro trabajo diario en aquella escuela de teatro madrileño.

Esos matices nos ayudaron en gran medida a entender el mundo que nos rodea, y así puedo entender ahora a José Blanco, porque él interpreta la realidad día a día y también día a día es sometido a diferentes matizaciones de sus palabras. Blanco es un texto teatral que hay que leer permanentemente con diferentes matices, esperando, eso sí, las múltiples matizaciones que a continuación hacen otros de sus palabras.

El mundo es un teatro en el que unos crean la realidad, otros la interpretan y otros, en fin, matizan las interpretaciones. La única condición es que tengamos un texto sobre el que trabajar, circunstancia que no se da actualmente. Brotes verdes, subidas de impuestos, 420 euros, hemos tocado fondo, 50.000 euros de referencia. Todo es interpretable. El problema es que si no existe texto nos encontramos con el teatro del absurdo. Así estaremos toda la vida Esperando a Godot, mientras los actores y el público corregimos a diario al apuntador, que es José Blanco, difícil papel el suyo: seguir una obra sin libreto, un teatro sin guión, en el que va apuntando matices poco antes de ser matizado.

En este teatro del absurdo, estaremos siempre esperando a Godot, sin que él mismo sepa que tiene que llegar. Es un juego de adivinanzas en el que Blanco, como apuntador, va anunciando su llegada, que podría ser alguna propuesta contra la crisis, mientras el autor, el propio Zapatero, aun no tiene escrita la obra, pero se permite ofrecer matices. Es lo que tiene el absurdo.

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