Cultura

"Me apetece incomodar al espectador, obligar al público a posicionarse"

El onubense regresa con una obra teatral premiada en el certamen de la Universidad Hispalense, ‘Gente a la que le cambia la vida’, que fue llevada a escena el mes pasado.

el 09 mar 2014 / 21:00 h.

15568572 Se supone que hay una edad en la que deberíamos haber cumplido nuestros sueños, pero ¿qué pasa si llegamos a esa edad y no los hemos cumplido? ¿Cómo se gestiona esa frustración? ¿Cómo se sigue viviendo?». Las preguntas las plantea Daniel Blanco (Moguer, 1978), y él mismo busca las respuestas en su debut como dramaturgo, Gente a la que le cambia la vida, obra que ganó el XVII Certamen de Letras Hispánicas de la Universidad de Sevilla en la modalidad teatro, y que como tal fue estrenada el pasado 15 de febrero con la dirección de un peso pesado como Alfonso Zurro. «Siempre hablo de la frustración como uno de los grandes temas que me apasionan. Es el abismo entre el deseo y la realidad, la obligación de tener que justificarte ante los demás y –lo más duro– ante ti mismo», explica el autor. «Es, también, la necesidad desesperada de tener que replantearte tus ambiciones y de incorporar el fracaso como parte del proceso vital. Llámalo fracaso o impaciencia... o retraso». Cómo afrontar esa frustración, ése es el argumento central de la pieza. Y todo ello lo desarrolla Blanco en una obra más bien breve en tres actos, con un solo escenario y dos actores. «En efecto, está protagonizada por una pareja que se topa con un problema: la incapacidad de tener un hijo natural, porque él es estéril. Y ahí surge el conflicto que destapa dos planteamientos vitales contrarios...», dice «A mí, como autor, me interesan los sentimientos universales: la frustración, la gestión de los amores, el dolor, esos sentimientos impopulares que nos da pereza verbalizar porque el hecho de hacerlo ya implica un fracaso, una carencia, una invalidez», prosigue Blanco. «Por eso me apetecía enfrentar al público a estas emociones: incomodarlos, obligarlos a posicionarse». La pareja protagonista, sin embargo, no renuncia a la búsqueda de la felicidad, el motor que en última instancia les mueve... Aunque el camino en ocasiones no sea el más típico u ortodoxo. «Mis personajes están comprometidos con la felicidad –otro de los temas que me apasionan: el compromiso con la felicidad–, pero a veces la felicidad está en rendirse. En aceptar la derrota. O eso, al menos, es lo por lo que apuesta uno de los personajes», asevera, para añadir a renglón seguido con una sonrisa: «Ojo, yo no tengo la solución. Mucha gente en las charlas públicas, me pregunta: ¿cómo se gestiona la frustración? ¡No tengo recetas!». Se trata del segundo libro de este sevillano de adopción, tras la salida a la luz de El secreto del amor, novela juvenil que le valió el premio Jaén en esta modalidad. «Son casi dos autores diferentes. Mira, con el teatro aprendí algo maravilloso: la representación de un texto es una obra de arte vivo y directo, siempre cambiante. Y eso es lo que me apasiona: que es mutable, efímera e inestable. Porque no sólo es creación mía: están los actores, el director, el iluminador... Varios talentos que trabajan en una misma dirección», explica. Después de la buena acogida recibida en ambos géneros, la literatura para jóvenes y el teatro, Daniel Blanco se siente abierto a todo, salvo a una cosa: «La poesía se me presenta inaccesible. Uno tiene que saber cuáles son sus talentos y te aseguro que la poesía no está entre los míos. No me he atrevido hasta ahora y no creo que lo haga», admite. «Ahora mismo combino teatro con narrativa infantil porque para mí es un reto reclutar a los lectores del futuro, ofrecerle a los adolescentes un texto que realmente responda a sus intereses». De hecho, la semana que viene Blanco participará en el Festival de Literatura Infantil y Juvenil de Tres Cantos (Madrid), junto a Martín Piñol o Blue Jeans, entre otros.

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