Local

Me avala mi suegro

el 18 dic 2011 / 08:50 h.

TAGS:

Dos chistes resumen la vaciedad de Iñaki Urdangarín. El primero, de 15 años de antigüedad, echaba sal gorda a la boda del niño bonito guipuzcoano con una Infanta de España: "Braguetazo en euskera se dice Urdangarín". El segundo, que atribuyen al columnista Nacho Escolar, declara al instituto Nóos, que dirigió el duque de Palma de Mallorca, "entidad sinónimo de lucro".

Entre los dos chascarrillos, la crónica de sociedad intentó durante años construir el cuento del héroe del balonmano casado con una princesa. Entonces en la prensa española no se jugaba con la familia real. Ahora el cuento se ha venido abajo y parece que quien sí jugó al Monopoly fue Urdangarín. Esas triquiñuelas de Nóos o de la fundación con discapacitados que permitía desviar dinero a Belice han acabado expulsando al duque del círculo del Rey. Hasta el Museo de Cera de Madrid lo ha retirado del cuadro de los Borbones. Ahora el cuento deriva en una sordera fingida por el chicarrón para librarse de la mili a la par que, como deportista de élite, se preparaba para dar a España dos medallas de bronce en Atlanta y Sidney.

Nació en Zumárraga en 1968 este "poco ejemplar" -en la inédita declaración del jefe de la Casa del Rey, José Spottorno- duque de Palma, yerno de Juan Carlos I y marido de la infanta Cristina. Su familia se mudó pronto a Barcelona. Cuenta entre sus antepasados con un santo vizcaíno, San Valentín de Berriotxoa (decapitado en Indochina en 1861 y canonizado por Juan Pablo II nueve años antes de que Iñaki se casara en la ciudad condal).

La afición por el balonmano le viene de los equipos escolares de sus dos colegios, el Sagrado Corazón de Jesús de Caspe de Barcelona (jesuita) y el Santa María del Pilar (marianista) de Vitoria. Con 18 años lo fichó el Barça de balonmano y participó en tres olimpiadas, ganó diez ligas y seis copas de Europa. En los juegos de Atlanta 96 enamoró a la hija pequeña del Rey de España.

Pero desde entonces su carrera ya no dependía tanto de sus méritos en el terreno de juego -que continuaron hasta 2000, no obstante- ni académicos (es licenciado en Empresariales y Administración y Dirección de Empresas). Ahora se le reconocía por haberse colado entre los Borbones, y como duque consorte tenía derecho a salir a ratos en el telediario. Por lo que se desprende del sumario del caso Palma Arena, Iñaki al poco le supo sacar punta a su fama y parentesco: en 2005 y 2006 se produjeron los presuntos pagos fraudulentos a Nóos, anteriores a su designación como consejero de Telefónica Internacional, cargo en el que continúa y por el que desde 2009 reside en Washington.
Si el Rey quiso poner al día en 1997 a una familia real marcada hasta la víspera por un culto a la sangre azul en el que nadie creía ya en España, y abrió los brazos a un deportista plebeyo -pero no pobre-, ahora su jefe de protocolo hace malabarismos para borrar de la foto a Urdangarín mientras que, a buenas horas mangas verdes, Juan Carlos I promete una transparencia en el presupuesto de la Casa Real con la que tal vez hubiera disuadido a su yerno antes del primer tejemaneje. El príncipe Felipe ha insistido esta semana en la "honestidad" de la Fundación Príncipe de Girona para distinguirla del tinglado de su cuñado.

Le hace falta que no lo echen en el mismo saco: Urdangarín ha hecho negocios con un expresidente autonómico imputado por presunta corrupción (Jaume Matas), con un príncipe saudí acusado de violación y además jugó en la selección de balonmano con un flamante diputado de Amaiur, Mikel Errekondo, precisamente quien se entrevistó esta semana con el Rey. El mundo es un pañuelo y Urdangarín, un imán.

  • 1