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"Me desquicia la gente victimista"

Oyéndola hablar, no se entiende cómo el Real Madrid no se ha hecho ya con sus servicios. A Ronaldo no se le atragantaría nunca más la portería del Barça.

el 16 jul 2011 / 22:28 h.

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Patricia Ramírez.

Tras una charla con Patricia Ramírez Loeffler (1971, Zaragoza y de profesión psicóloga de deportistas de alto rendimiento) una sale convencida de que de mayor quiere ser como ella. Resuelta, segura de sí misma, vitalista... En suma, una mujer feliz. Por eso, no es de extrañar que los jugadores y el cuerpo técnico del Betis (con los que trabaja como psicóloga) estén encantados con su trabajo. Patricia -con ascendencia alemana, y bien qué se le nota- es una apasionada del fútbol. Pero también del tenis, el baloncesto, la natación, el golf... Asegura que tras su aspecto de veinteañera sólo hay gimnasio, comida sana y ningún secreto de belleza ("ni me pinto ni uso cremas especiales. Hasta la de los hoteles me va bien").


–¿Cuánto del éxito del Betis ha estado en sus manos?
–El éxito es del grupo, de los futbolistas y de la persona que coordina [en alusión al entrenador, Pepe Mel] para que ahí haya música, no mío.

–¿Es futbolera?
–Yo sí (sonríe).

–Será entonces de las que lee ávida la prensa deportiva.
–No, le echo un ojo por encima. Le doy la credibilidad justa para lo bueno y para lo malo.

–¿Qué necesita un futbolista para motivarse?
–Lo que todo el mundo. Se trabajan las variables relacionadas con el deporte de alto rendimiento: concentración, atención, la capacidad de reponerse cuando uno está bajo, la de tomar decisiones, saber aislarse de los problemas…

–¿Qué equipo se encontró cuando llegó al Betis?
–Con el que yo quería encontrarme y con el que Pepe Mel me transmitió: un equipo ganador que iba a subir a Primera y que iba a darlo todo. No quise saber los problemas del club. Me aislé, porque si te dedicas a escuchar los problemas de la empresa, diriges tu atención a ellos, y si te aíslas y te dedicas a hacer tu trabajo, consigues tu objetivo.

–Parte de la clave del éxito en su trabajo está en que no sólo conecte con el deportista sino también con el entrenador. Tiene que haber química.
–Si es el entrenador el que te trae, no puede haber fricciones. Tu filosofía debe ser la suya. Además, yo no trabajaría con un entrenador con el que no coincida en la forma de trabajar.

–En este sentido, ¿está cómoda en el Betis?
–Comodísima. Hay un cuerpo técnico excepcional. En el Betis me siento integrada, valorada y aislada de los problemas. El que no lo hace es porque no quiere. Si lo haces, te diriges a donde deseas. Lo demás son excusas.

–Esto no sólo vale para los deportistas de alto rendimiento.
–Uno tiene que autodirigir su vida y eso se hace a través del pensamiento. De nosotros depende cómo interpretamos la situación a nuestro alrededor. No hay excusas para no ser feliz. No hay excusas y no hay perdón de Dios. Ésta es una de las pocas cosas que me desquician. Me molesta la gente victimista. Nos rodeamos de gente negativa porque se lo permitimos.

–¿Huye de ese tipo de gente?
–No huyo porque es mi trabajo, pero en mi vida personal estoy rodeada de gente normal. Para mí, ésa es la máxima. Una persona normal es aquella que no se recrea en boberías, que es humilde, sencilla, que no necesita presumir, es aquella a la que puedes dejar de llamar un mes y no se molesta, que va de frente, que es honrada, que es leal... No pido mucho.

–¿Dificulta su trabajo el hecho de trabajar con un equipo tan peculiar como el Betis y en una ciudad tan particular como Sevilla?
–¿Y por qué es todo tan peculiar? Es una alegría esa pasión con la que se vive en el fútbol. Yo trabajo con total normalidad y para el futbolista es un plus motivacional ver cómo la gente le sigue, ese fervor, ese amor a los colores.

–¿Cómo se trabaja un partido con el eterno rival?
–Cada partido es igual de importante. Cualquiera merece respeto, y los tres puntos con el Sevilla son tan buenos como los conseguidos con otros. Y eso lo saben los jugadores.

–¿Se siente cómoda dentro de un vestuario? La imagen que proyecta el fútbol es muy masculina.
–No se trata de una mujer en un vestuario, sino de una mujer en un equipo de trabajo.

–El hecho entonces de ser mujer no ha sido un hándicap.
­–No, y tampoco lo entendería. No vengo a hablar de algo que no entienda. Soy especialista en mi campo. Nunca he oído un comentario machista, nunca me he sentido ignorada, nadie me ha dicho ‘de qué hablas que no tienes ni idea’, cosa que además no tendría fundamento.

–¿Qué se trabaja específicamente con la élite del deporte?
–Saber aislarse para concentrarse, saber competir, tener ambición, las ideas claras, estar a la altura en los momentos difíciles, entrenar al límite, esforzarse, tener valores…

–¿Diría que trabaja con súper hombres?

–Sí, los deportistas de alto nivel están hechos de una pasta especial. No sólo tienen que tener un físico que les permita ejercitar un deporte, sino que tienen que tener la cabeza en su sitio.

–¿Nadal es el deportista perfecto?
–El deportista perfecto no existe porque si fuera así no tendría margen de error y todos fallan alguna vez. Nadal es completísimo porque tiene unas cualidades físicas y mentales impresionantes.

–Y esto se trabaja desde pequeño, ¿no?
–El talento hay que descubrirlo y amar el deporte que se hace. Pero ni siquiera todo el trabajo garantiza el éxito.

–Hay muchos padres que se empeñan en que sus hijos sean unas figuras cuando no lo son.
–El que tiene que decidir si quiere seguir entrenando al límite y competir es el niño. Los padres no los ven disfrutando sino como a alguien que les va a ayudar a hacer caja, que es muy triste decirlo, pero es así. Venden a sus hijos por un precio mayor que el que valen y les generan una presión tremenda.

–¿Son caprichosos los deportistas de alto nivel?
–Ésa es una imagen que trasladan los medios. A mí hacer juicios de valor no me gusta nada porque la mayoría de las veces nos equivocamos. Podemos ver a uno con un coche espectacular pero si nos ponemos a escarbar nos damos cuenta de que hace cosas por los demás, que da dinero a ONG… Lo que vemos no es sinónimo de lo que la persona es. Soy escéptica y empírica. No soporto los cotilleos. Para que algo sea verdad tengo que verlo con mis propios ojos. Podemos decir que una persona es una caprichosa y a lo mejor ha tenido una vida de lo más perra. ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nadie?

 

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