Cofradías

"Me emocioné al rezar de rodillas ante la Macarena... la Virgen me miraba"

La de ayer fue una jornada agotadora para el hombre que rige los destinos de la sede isidoriana. Tocaba maratón de entrevistas con la prensa. Hay titulares para todos los gustos, pero no todos los prelados se desnudan al hincarse de hinojos ante la Esperanza

el 18 feb 2015 / 09:15 h.

_MG_4275 copiaweb El arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo. Foto: Pepo Herrera No podrá estar presente el próximo lunes en el Viacrucis del Cristo de la Humildad y Paciencia. Este sábado se marcha a Perú durante ocho días a impartir un curso de formación a un grupo de superioras de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, congregación cuyo fundador era de Sigüenza, el pueblo natal del arzobispo. —¿Les hablará a las religiosas americanas de la Macarena? —Pues sí. Yo les hablo de Sevilla mucho y les hablaré de la Macarena y también de la Esperanza de Triana… y del Gran Poder. —¿Había vivido usted una manifestación de piedad popular semejante a la que se vivió en mayo por el cincuentenario de la coronación de la Macarena? —Yo no lo había vivido en ningún sitio antes. A mí me llamó mucho la atención el fervor con que la gente acudía a la Iglesia del Sagrario de la Catedral a venerar a la Virgen. Como me llamó la atención el fervor con que Sevilla acompañó a la Virgen por todas las calles y la eucaristía que yo presidí el 31 de mayo en la Plaza de España. Sí, un fenómeno singular. —Un colaborador suyo, Marcelino Manzano, calificó aquella semana como «una señal de Dios»… —Yo lo calificaría como un verdadero acontecimiento de gracia. Una gracia actual que Dios derramó abundantemente sobre Sevilla en aquellos días. Alguna desmesura pudo que hubiera… tantas horas, tal y cual. Pero bueno, también se dio pie para que los sevillanos pudieran honrar a la Santísima Virgen y, probablemente, a crecer en devoción a la Virgen, que es algo que pertenece a la columna vertebral de la vida cristiana. —Las disputas en el Consejo parecen haber pasado a mejor vida. ¿Qué balance hace del mandato del presidente Bourrellier al frente de la institución? —Varias veces he manifestado mi afecto, mi amistad y mi gratitud con el presidente Bourrellier. Creo que ha trabajado mucho, mucho, ha sufrido mucho también y… bueno, yo le estoy agradecido porque ha actuado gratuitamente, no se ha llevado nada al bolsillo, al servicio de las hermandades y cofradías. Creo que Bourrellier es un hombre de bien, una buena persona y, en ese sentido, le declaro mi admiración y mi gratitud. —¿Cómo ha asistido desde la jefatura de la Iglesia de Sevilla a la dimisión del delegado de la Madrugá? —No tengo datos para opinar. Son problemas muy técnicos que yo no los conozco ni los entiendo. Me sorprende que no haya habido acuerdo, porque yo soy persona de consenso. Me gusta consensuar, dialogar y arreglar las cosas pacíficamente. Siento que éste no sea el espíritu a veces de este mundo de las hermandades. —En última instancia, supongo que a la Iglesia no le temblará el pulso en sancionar la solución que le presente el Consejo… —Yo no querría inmiscuirme en estos asuntos, que son asuntos puramente técnicos para los que yo no tengo ni preparación ni conocimientos. Creo que quien lo tiene que resolver es el Consejo y todas las hermandades colaborar con buena voluntad. —¿Qué novedades van a incorporar las nuevas Normas Diocesanas para Hermandades y Cofradías que se están terminando de cocinar? —Todavía no puedo responder a esa pregunta. Porque no sé, además, si vamos a sacar nosotros las Normas o vamos a esperar, porque es posible que dictemos Normas para todas las Iglesias de Andalucía, para todas las diócesis, como ya hemos dictado normas sobre el uso extralitúrgico de los templos. A un obispo en concreto se le ha encargado un borrador que probablemente veremos en alguna de las próximas asambleas de los Obispos del Sur. Si esto madura, probablemente nosotros no demos unas Normas específicas y daremos las Normas propias de toda la Iglesia en Andalucía. Las normas sobre usos extralitúrgicos de los templos tienen como novedad y como valor que las hemos suscrito todos los obispos y están en vigor en todas las iglesias de Andalucía. En cuanto a estas otras Normas, que incluirán coronaciones, salidas extraordinarias, pues vamos a ver... Yo soy hombre que cree en la colegialidad episcopal. Y si esto sale adelante, promulgaremos las Normas de toda la comunidad, de toda la región. —En el seno de las hermandades existe cierta preocupación por que las Normas que vengan impongan un buen bocado económico a sus ingresos. ¿Deben estar temerosas las cofradías? —Tienen que temer el cumplimiento de las normas de la Iglesia. Se van a ver obligadas a dar cuentas porque nos lo va a imponer la autoridad tributaria, la autoridad fiscal. A la Conferencia Episcopal le va a obligar a crear una pequeña oficina para visar las cuentas de todas las fundaciones de carácter nacional y a los obispos nos van a imponer la obligación de crear una pequeña oficina que vise todas las cuentas de las hermandades, cofradías e instituciones diocesanas dadas de alta en el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia. Esto se traducirá en que las hermandades nos tendrán que traer las cuentas. Ahora solo nos las traen el 8,2 por ciento. —¿Y en cuanto a las contribuciones al Fondo Común Diocesano? —Pues a mí me gustaría que colaboraran. Yo muchas veces he dicho que me causa un poco de extrañeza. Los hermanos mayores han dicho que contribuyen con el seminario, con los pobres, con no sé quién y con no sé cuántos, y con no sé qué programa terapéutico. Pero eso es por devoción. Obligación, obligación, la de la autoridad diocesana. Y no la de este arzobispo, sino de la de don Carlos Amigo, que fue quien impuso una contribución, que es una cosa por otra parte natural, de sentido común. El cuarto mandamiento de la Iglesia habla de ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Aquí, primero lo legisló la Conferencia Episcopal y después lo impuso don Carlos Amigo y lo impone el sentido común. En fin, esto tendrá que entrar también en las Normas que aprobemos, sí. Desde luego, espero no descabalar las cuentas de las hermandades ni tampoco propiciar la creación de una contabilidad B. —¿Cómo se sintió al conocer que las hermandades de Penitencia pretendieron elevarle por escrito su malestar en respuesta a su toque de atención a las cofradías por su escasa aportación al Fondo Común Diocesano? —Me sentí molesto. Molesto porque no tiene sentido que cuatro o cinco hermanos mayores pidan en un Consejo que se saque una tarjeta amarilla o roja al arzobispo. Me parece un despropósito y me sentí molesto. Alguno intentó justificarse, yo le admití las justificaciones, pero no me gustó ciertamente. —Primer fueron las nazarenas, ahora las salidas extraordinarias. No le asusta gobernar vía decreto… —Bueno, a mí me gustaría consensuar, pero cuando no se pueden consensuar las cosas, pues chico… Soy consciente de que tengo un triple munus (oficio): el munus docendi, el oficio de enseñar, munus santificandi, a través de la eucaristía y los sacramentos, y munus regendi, el deber de gobernar. Yo creo que en la Iglesia de Dios en los últimos decenios se ha abandonado un poco el munus regendi por miedo, por pusilanimidad, o por cálculos humanos de no perder popularidad. Yo no tengo miedo a perder popularidad porque no busco el aplauso. Busco cumplir con mi deber. —¿Se abre una nueva etapa en la concesión de las salidas extraordinarias? —Bueno, pues se disciplinan las salidas extraordinarias. Van a salir cuando esté justificado. Y se ha establecido cuál es el cauce: delegación diocesana de Hermandades, delegación episcopal de Asuntos Jurídicos, y éste dictará sentencia. Y si lo estima conveniente puede pedir el parecer del vicario general y ulteriormente del arzobispo. El arzobispo antes de dictar una norma la mira por arriba, por abajo, por la derecha y por la izquierda, y la llevo al Consejo episcopal, donde somos 12 personas, 24 ojos. —Seis años ya en Sevilla. ¿Echa la vista atrás y qué balance hace? —Han sido años de muchísimo trabajo. Yo no tengo ni un día ni una tarde libre, trabajo de lunes a lunes. Cansado. Bueno, tuve alguna incomprensión que ya he perdonado. Todo eso entra en el sueldo. Yo lo que sí puedo decir es que he trabajado con la mejor voluntad dejando lo mejor de mí mismo al servicio de este pueblo y de esta Iglesia, a los que quiero. Me siento en familia y estoy contento porque estoy donde Dios quiere que esté. Habrá imperfecciones, pero yo estoy poniendo aquí alma, vida y corazón. Yo estoy contento de estar donde estoy. ¿En cuanto a si están contentos conmigo? Pues eso que lo diga la gente. —A lo largo de estos años seguro que habrá vivido algún momento, alguna experiencia de la Semana Santa que le haya emocionado y se le haya quedado grabada… —Es peligroso esto de particularizarse con alguna imagen. A mí la Virgen de las Cigarreras me parece una preciosidad. Bueno, yo me emocioné cuando fui a la iglesia del Sagrario a rezar a la Macarena. Fui en privado. Me emocioné cuando me postré de rodillas ante la Virgen –hay fotos por ahí–, parece como que la Virgen me estaba mirando y me estaba alentando en momentos pues… de dificultad. Puede que fuera el momento más intenso y emocionante de mi relación con las advocaciones marianas de Sevilla. —¿Sancionaría unas Reglas que amparasen algún tipo de discriminación racial? —No. No. —¿Por qué creyó necesario un relevo al frente de la delegación diocesana de Hermandades? —Lo hice porque me lo pidió don Manuel Soria, no una vez, sino muchas veces. Estaba cansado… y no me extraña. Manuel Soria fue siempre muy trabajador, muy leal conmigo y le estoy muy agradecido. Nombré a Marcelino Manzano, de quien tengo la impresión de que ha caído de pie, que es muy bien valorado, muy querido y que lo está haciendo muy bien. Siendo fiel a las hermandades y siendo fiel al arzobispo que le ha nombrado. Le di un consejo: «Marcelino, ni te mimetices con las hermandades, ni padezcas el síndrome de Estocolmo». —¿Cómo está preparando la diócesis la canonización de Madre María de la Purísima? —Bueno, pues eso creo que va para largo. Un año. Ésa es la impresión que yo tengo. Cuando el sábado en San Pedro escuché que el Papa beatifica a las tres monjas que propusieron allí en el Consistorio público para el 17 de mayo y no apareció el nombre de Madre María de la Purísima, pregunté. Me dijeron que va para un consistorio ulterior y probablemente sea canonizada en la clausura del Año de la Vida Consagrada, el 2 de febrero de 2016.

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