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"Me enamoré de este trabajo"

La única mujer policía galardonada ayer en los actos del Día de la Policía Local era secretaria en la Jefatura y decidió entrar en el cuerpo por "admiración" hacia la labor de sus colegas

el 23 nov 2009 / 20:30 h.

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Belén tuvo una vocación tardía pero intensa: comenzó como secretaria de la Policía Local, pero le picó el gusanillo viendo trabajar a los que ahora son sus compañeros. La única agente premiada ayer en los actos del Día de San Clemente entró en la Jefatura como auxiliar administrativo y el roce hizo el cariño: "Al ver cómo trabajaban, todo lo que hacían, me enamoré de este trabajo y desde la admiración, me dije: Yo quiero hacer eso". Hoy ejerce de policía en el Polígono Sur.

"Desde fuera se piensa que sólo se ponen multas, pero cuando lo ves te das cuenta de que lo principal es el auxilio a las personas, ayudar a la gente", contaba ayer Belén Palma, que ahora ha sido premiada precisamente por una labor humanitaria: prestó los primeros auxilios a una adolescente que sufría convulsiones y probablemente evitó que se asfixiara hasta la llegada de los médicos.

Belén, de 34 años, ingresó en la Policía Local hace tres -después de perder 12 kilos para poder superar las pruebas físicas- y ayer recibió una mención honorífica por esta intervención. Eran las ocho de la mañana de un día de noviembre, hace justo un año, y había sido enviada con otro compañero al Camino de los Descubrimientos, en la Isla de la Cartuja, en busca de unos gamberros que estaban destrozando unas bicicletas de Sevici. Cuando llegaron no había nadie y estaban a punto de irse cuando oyeron a un grupo de chavales pedir socorro a gritos. Una joven estaba en el suelo con convulsiones y se había mordido la lengua.

"Estaba gris verdoso, haciendo unos ruidos rarísimos, pensé que se iba ahogar y le saqué la lengua para que no se asfixiara. La puse de lado en la posición de seguridad, acordándome de cómo había visto hacerlo en los partidos y la mantuve así hasta que llegó la ambulancia". Belén cree que la joven había pasado la noche de botellona, porque la zona estaba llena de restos de bebidas, y supone que fue el alcohol lo que la hizo convulsionar. Nunca le confirmaron qué le había pasado, aunque sí que salió bien del trance. "Hombre, no sé si le salvamos la vida pero, sin falsa modestia, intentamos evitar que se asfixiara".

Sólo a posteriori pensó que no había usado guantes de látex, que podía haberse contagiado el sida o cualquier enfermedad. "Pero en el momento sólo piensas en ayudar, como cuando vas en el coche persiguiendo a un golfo y con la adrenalina no te das cuenta de lo rápido que vas", dice Belén, que se emociona al hablar de su trabajo y relata de carrerilla servicios como una persecución tras "un atraco muy malo" que le tocó en Los Arcos; un accidente en el que atropellaron a un niño rajándolo de la cabeza a la ingle, y usó su propia camiseta para hacerle un torniquete -"porque en el patrullero no hay botiquín, que debería haberlo"-, la explosión de Las Naciones...

Con la pasión con la que lo cuenta se entiende "lo único" que le da "coraje" de su trabajo: que haya tantas mujeres policías en oficinas. "Yo salí de una oficina para hacerme policía y mi trabajo es éste, es lo que me gusta. Me gustaría que todas pudieran estar en la calle como yo".


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