Cultura

“Me gusta que el concierto se viva como una ceremonia llena de belleza”

La violinista Leticia Moreno actúa en el Teatro de La Maestranza con la ROSS.

el 16 ene 2014 / 21:50 h.

La violinista Leticia Moreno, fotografiada esta semana en Sevilla, toca esta tarde con la Sinfónica en el Teatro de la Maestranza. / Pepo Herrera La violinista Leticia Moreno, fotografiada esta semana en Sevilla, toca esta tarde con la Sinfónica en el Teatro de la Maestranza. / Pepo Herrera

Pocas estrellas de la música clásica refulgen más en el panorama actual que Leticia Moreno (1985). Tiene en su haber los premios más sobresalientes de su instrumento y su carrera ya la ha llevado a algunos de los escenarios más importantes del mundo. Con una gira internacional por delante de auténtico vértigo y el álbum debut Spanish Landscapes en la todopoderosa escudería amarilla Deutsche Grammophon, la violinista actuó anoche y volverá a hacerlo hoy en el Teatro de la Maestranza (20.30 horas). Lo hará acompañando a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla con la dirección del maestro György Ráth. Tras su doble visita como joven talento en la temporada 04/05, vuelve ahora como artista consagrada presentando, por primera vez, la Fantasía escocesa de Bruch.

–En sus tempranos comienzos tanto Sevilla como el director titular del Maestranza, Pedro Halffter, jugaron un papel importante en su carrera. ¿Cierto? –Vine a Sevilla por primera vez creo que con siete años. Ya entonces me pareció la ciudad más bella del mundo y todo mi afán era contárselo a la gente. Una década después regresé para tocar con la Sinfónica, hice mi primer Cuarto de Mozart y el Concierto de Monasterio en la misma temporada. Fueron dos recitales de juventud muy especiales. Además, por las mismas fechas, año 2005/06, pude colaborar con el maestro Halffter en Madrid haciendo el Triple Concierto de Beethoven. Luego ha venido una pausa larga, demasiado larga, casi diez años sin volver aquí.

–Pocos intérpretes tienen un repertorio en liza tan amplio como el suyo. Chaikovski, Turina y Bruch en poco más de una semana.¿Se impone usted misma ese ritmo tan intenso? –Con tanto trajín creo que se agilizan muchos sentidos y se adquieren matices nuevos, también resulta enormemente estimulante cambiar tantas veces de registro, de mundos sonoros. Ahora bien, esto es por el momento, no creo que sea siempre así. A profundizar en el repertorio es algo que me enseñó Rostropovich, y también me encanta. Pero... ahora mismo creo que debo aprovechar el instante.

–Más que preguntarle por sus afinidades, que son muchas, sería más oportuno hacerlo por sus fobias. ¿Qué no tocaría? –No hay ningún repertorio en el que no me contemple. Y sí, como imagina, soy tremendamente infiel a mis pasiones. Me encantaría estudiar jazz y trabajar piezas con electrónica, pero no tengo tiempo para ello. También estoy haciendo mis primeros arreglos, no digo que vaya a ser compositora, eso no, pero sí acaricio la idea de componer mis propias cadencias para el Concierto de Beethoven, por ejemplo.

–¿Qué le ha interesado de la Fantasía escocesa de Bruch, pieza que toca por primera vez estos días en Sevilla y que resulta un tanto epidérmica? –Me la ofrecieron. Al principio, dudé, pero creo que es una obra amable con algunos momentos profundos, muy típicamente romántica. Es verdad que tiene pasajes innecesarios pero hay que ponerse en la época. Esos malabarismos virtuosos que contienen emocionaban al público de entonces. El arranque me parece brutalmente bello y tiene muchas melodías secundarias... en fin, creo que ante ciertas obras hay que encontrar la belleza no en lo obvio, la Fantasía es una obra muy digna.

–¿Con qué criterios interpretativos la afrontará? –Solo una vez escuché la versión de Jascha Heifetz en YouTube, pero tengo mi propia manera de abordarla. El cuarto movimiento, que se suele hacer muy rápido, yo lo haré más lento, más denso. Creo que al virtuosismo se le ha quitado el valor que tiene, no siempre tiene que consistir en ver quién toca más rápido.

–¿Cómo lleva toda la mercadotecnia visual que acompaña hoy a la estrella de la música? –Cualquier cosa que pueda beneficiar a la música clásica, bienvenida sea. He tocado con ropa de sport y hasta amplificada con gente tomando gin-tonics. Bien, si eso hace que nuevos públicos se acerquen a esta música, aquí me tienen. Además, a mí me gusta que el concierto se viva como una ceremonia llena de belleza, por eso disfruto tanto arreglándome antes de salir. Tampoco hay que menospreciar la puesta en escena, el show, la afectación de algunos músicos puede ser algo genuino, sincero, estoy convencida de que el lenguaje gestual ayuda en la audición a muchas personas.

–Su reciente disco en Deutsche Grammophon se sale de lo esperado para ofrecer piezas inéditas. ¿Qué vio en ellas? –Un puñado de Picassos puestos contra la pared. Me siento muy orgullosa de dar una nueva oportunidad a obras españolas ignoradas durante tantas décadas comoEl poema de una sanluqueña del sevillano Turina o la Sonata de Granados. Creo que esta labor es una de las mayores aportaciones a la música que he hecho.

–Tampoco olvida su compromiso con la creación actual... –Y quiero que cada vez vaya a más. He tocado y grabado en algunos casos a Bernaola, Greco, Salonen y Gubaidulina, entre otros. Nunca hubiera imaginado que tocar música contemporánea me hiciera tan inmensamente feliz. Hay que seguir apostando por ella.

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