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Cultura

"Me interesa mucho más la Rusia de Putin que la Europa de Eurovisión"

Aquilino Duque publica en Renacimiento una nueva entrega de sus memorias

el 15 jul 2014 / 10:36 h.

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AQUILINO DUQUEAquilino Duque es el asombro de los escritores sevillanos por dos razones: una, el vigor del que hace gala a sus 83 años –«¿has visto con qué fuerza estrecha la mano?», murmuran–, y otra su memoria de elefante. Prueba de lo segundo es la nueva entrega de sus memorias que acaba de editar el sello Renacimiento bajo el título La invención de la pólvora, aunque él insiste en que sus recuerdos están disueltos a lo largo y ancho de su vasta obra. «Hay muchos momentos de contar lo mismo, incluso en las novelas», dice. «Si las cosas no se han vivido de un modo u otro, no hay verosimilitud, no puede haber buena ficción. Mira a Dostoievski: todos esos personajes los había interiorizado, los había vivido con todas sus aventuras, sus angustias, sus estados patológicos. Si uno no pone de su parte, lo que hace es manejar muñecos a distancia», agrega. Lo cual no quiere decir que esté dispuesto a contarlo todo-todo. «Siempre hay un poco de pudor, algunas cosas inconfesables que quedarán en el tintero», sonríe. «Lo que espero, en los años que me quedan, es conseguir que alguien lea lo que he escrito, que ya me parece demasiado pedir, para lo que se lee hoy. Por ventas, soy un autor poco leído, pero me hace ilusión pensar que me leen. Estoy harto de producir cosas para que lleguen a unos pocos amigos», lamenta. Sobre el ejercicio de autoexamen que ha tenido que hacer en La invención de la pólvora –que sucede a El rey mago y su elefante, primera entrega de sus memorias– sobre el Aquilino Duque joven, afirma que «uno, cuando es joven, da muchos palos de ciego, y de algunos estoy profundamente arrepentido», comenta. «Pero he tenido suerte: hasta las cosas que he hecho mal han acabado torciéndose para bien», dice. Las primeras amistades literarias, como la que le vinculó al grupo gaditano Platero, el descubrimiento de los primeros maestros literarios, comoJuan Ramón Jiménez, o el recuerdo de la Sevilla de entonces componen algunos de los atractivos de estas páginas. «Enfrento a la ciudad en el espejo de la época, aunque es verdad que ahora la veo con más acidez que entonces. Cuando me he ido y he vuelto, he comprobado que Sevilla es lo que es, tiene cosas que no me gustan, pero procuro reflejar las cosas gratas. Me gusta vivir aquí, es mi elección y no voy a quejarme. Pero no puedo olvidar la ilusión con la que entraba en Sevilla cuando vivía fuera», recuerda el autor de El mono azul, entre otros títulos. El descubrimiento de juan Ramón y Machado lo identifica «con el momento en que empiezo a encontrar mi propia voz en la poesía, aunque también recuerda con afecto a Romero Murube, «que hizo mucho por mí, incluso escribir al director del Instituto Británico de España cuando marché a Inglaterra. Era el enlace físico con el 27», evoca; también sonríe al recordar a Fernando Quiñones, a Julio Mariscal y a tantos otros cómplices en la pasión por las letras y la vida. Por otra parte, Duque no escatima críticas a los progres que secundaron el llamado Mayo del 68, «que supuso un cambio de civilización radical, al que me opuse desde el primer momento, porque tenía 37 años y esa no era ya edad para entusiasmarme con ciertas cosas», asevera. «Estamos en una situación en la que prevalecen los contravalores, eso que Aranguren llamaba utopías negativas, destructoras. No creo que haya épocas altas o bajas, pero esta... Mire un espectaculo como el de Eurovisión. Que me perdonen, pero esa Europa no me interesa. Me interesa más la Rusia de Putin, que al menos tiene valores tradicionales». Una afirmación así no deja de sorprender en un escritor considerado conservador. «Bueno, según lo que uno quiera conservar. No puedo sino estar en contra de la desintegración de todos los valores. Aunque me quede solo en esa lucha, lo que no puedo es traicionarme a mí mismo», apostilla el autor sevillano.

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