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"Me miraban por el pañuelo en la cabeza: ¡Y no es para tanto!"

Carmen Canalejo, en tratamiento.

el 18 oct 2012 / 19:44 h.

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Carmen Canalejo.

Hace tres años, Carmen -que ahora tiene 46- se notó al ducharse un pequeño bulto en el pecho. Su médico de cabecera que la remitió al hospital, donde ante su insistencia le hicieron una ecografía y el diagnóstico fue tan claro que de urgencia le dieron cita para la mamografía y el cirujano. Hasta que éste no la vio no dijo nada a su familia. Le dijo que su tumor era de grado 4 entre los cinco existentes. "No se me olvidará la vuelta en el autobús. Pensaba que estaba viéndolo todo por última vez", recuerda.

Tras reunir fuerzas se lo comunicó a su marido e hijos, que entonces tenían 17 y 13 años. "Les dije que yo no me iba a morir porque iba a luchar y me tenían que ayudar. Me preguntaron si se me iba a caer el pelo, les dije que sí, y me dijeron que entonces no saldría a la calle. Su miedo era a la reacción de la gente", explica. Y es que ha vivido cómo una vecina la rehuía -"pensaría que esto se contagia, ahora te ríes pero en ese momento te quieres morir", dice-. También las miradas furtivas en el autobús cuando perdió su melena y tapaba su calva con un pañuelo que "tampoco es para tanto". Y cómo su entorno "primero lo negaba, luego me llamaban pero era cómo preguntando cuánto te queda o no contaban conmigo para ir a sitios y tú eres la misma y quieres que te traten igual. Y ahora, con sorpresa, dicen: ¡Qué bien estás!". Pero ha pasado por la extirpación de ambos pechos, la quimioterapia que "te destroza" y durante cinco años tomará farmacos muy fuertes. Era técnico de óptica pero perdió la visión de un ojo con la quimio y no puede trabajar. En el Macarena le hablaron de Amama y es tal el apoyo recibido en el hospital - "yo he salido adelante por los profesionales de allí", asegura- y Amama que no duda en "agradecer a la enfermedad haber conocido a gente tan maravillosa".

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