Cultura

«Me traiciono a mí mismo para conseguir otros éxitos»

Era un día paradójicamente gris para entrevistar al autor de la obra más colorista de la abstracción española. Abraham Lacalle (Almería, 1962) cumple con su ciudad de residencia con la exposición A la calle, que ayer abrió en la galería La Caja China, y donde, a pesar de las condiciones externas, vuelve a reivindicar su rabiosa paleta. Foto: Antonio Acedo

el 15 sep 2009 / 19:24 h.

Era un día paradójicamente gris para entrevistar al autor de la obra más colorista de la abstracción española. Abraham Lacalle (Almería, 1962) cumple con su ciudad de residencia con la exposición A la calle, que ayer abrió en la galería La Caja China, y donde, a pesar de las condiciones externas, vuelve a reivindicar su rabiosa paleta.

Abraham Lacalle pasea su obra con toda naturalidad por los museos más autorizados del globo. De Nueva York a Madrid reparte sus telas con referencias a grandes maestros de la pintura, como Duchamp, Picasso, Mondrian o Philip Guston; con ese personalísimo tratamiento del color y esa forma irónica, sarcástica, con la que se acerca a su universo creativo, un discurso que transita, sin falsos melodramas, por los problemas más actuales del hombre.

Sin embargo, su obra es una desconocida en Sevilla, ciudad que eligió para vivir hace muchos años y en la que apenas le han tirado los tejos los galeristas. "Bueno, yo lo respeto, es cuestión de gusto", explica el artista sumido en esa masa gris y compacta que forma el cielo con el violento asfalto de una desierta y peatonalizada plaza de la Alfalfa.

Pepe Barragán, director de La Caja China, recuperó a Abraham Lacalle para la ciudad hace cuatro años, y ahora le brinda la oportunidad de realizar la que es -tan sólo- su segunda exposición en Sevilla. Para la ocasión trae un conjunto de pinturas bajo el título A la calle, un juego de palabras con su apellido que hace referencia "a la relación que mantenemos con el exterior, con lo que nos rodea; en este caso, la ciudad", explica el artista, para quien, la principal interrogante existencialista "no debería ser '¿Quienes somos? sino ¿Dónde estamos".

Para Lacalle, "la sociedad occidental vive excesivamente protegida y, sin embargo, excesivamente temerosa. El miedo al exterior nos aisla y nos obliga a vivir en espacios que resultan iguales aquí o en Finlandia". Estos presupuestos teóricos, que ya ha dado como resultado toda una corriente literaria y creativa en jóvenes autores, se ven desarrollados pictóricamente por el almeriense en un conjunto de óleos y acuarelas de pequeño formato (excepto una pintura de 2,30 x 2,30 metros) con los que "sigo investigando, intentando poner al límite la pintura". Y es que Lacalle procura no acomodarse a una única forma de pintar: "Intento alejarme de los ticks, del famoso estilo. El ojo perspicaz sabrá que en esta exposición rompo muchos esquemas míos anteriores. Digamos que me traiciono para conseguir otros éxitos. Trucos de pintor", sonríe el artista que no se siente cómodo con la etiqueta de pintor abstracto: "Hago una pintura que maneja la abstracción, pero siempre con una referencia a la realidad, con un vínculo narrativo", explica.

Durante el recorrido que hace por sus nuevas pinturas, Lacalle no puede sortear una de las preocupaciones extra artísticas que le tiene absorbido y ha condicionado su obra: "Me he visto envuelto en una falsificación de mi obra, unos cuadros falsos que se han vendido con mi nombre. Es un asunto por aclarar", explica el artista con el semblante a tono con el día, y con el asfalto, y con la ciudad deshabitada que describe en su obra paradójicamente colorista.

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