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Mejor atacar que debatir

Un incisivo y agresivo Rubalcaba intentó desvelar el programa oculto de Rajoy.

el 07 nov 2011 / 20:33 h.

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Rubalcaba y Rajoy se saludan cordialmente antes de iniciar el debate.

El candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, empezó a ensayar ayer en el debate televisivo su papel como jefe de la oposición. Porque la realidad económica es tan incontestable -cinco millones de parados, más de un millón de hogares con todos sus miembros en paro, una crisis de la deuda soberana y bancaria sin precedentes-, que Rubalcaba sólo pudo salir al ataque para intentar cuartear la imagen (avalada por las encuestas) de ganador de su contrincante, Mariano Rajoy.

Rubalcaba abandonó pronto el tono pedagógico con el que arrancó para ametrallar a su rival con preguntas con el fin (él sabía que era muy complicado) de pillarle en un renuncio. El cabeza de lista socialista traía una tarea escrita en los pocos papeles que consultó: desvelar el programa oculto de los populares y obligar a Rajoy a abandonar la ambigüedad en la que lleva instalado más de dos años. La primera parte del debate, la dedicada a la economía y el empleo, fue en la que más y mejor se fajaron ambos. A Rubalcaba -que parecía saberse mejor el programa del PP que su propio candidato- le valía cualquier estrategia para buscar sacar de quicio a Rajoy. "Explíquela, explíquela, explíquela", interrumpía sin parar Rubalcaba a un pausado Rajoy mientras éste intentaba defenderse de la acusación de que, en caso de ganar las próximas elecciones del 20-N, rebajará la prestación por desempleo.

Fue en este punto donde el debate cogió la velocidad de crucero propia de un cara a cara. El único atisbo de malestar en Rajoy se vislumbró cuando, en una de las múltiples interrupciones de Rubalcaba, le espetó: "Déjeme acabar. Se lo repito por última vez: no voy a modificar el seguro de desempleo. Lo que usted está diciendo es una insidia, es mentira". Pero el candidato del PSOE no estaba dispuesto a darse por vencido.

El debate era su gran oportunidad para movilizar al 30% de indecisos que dice el CIS que hay en estos momentos. Tenía 90 minutos para dejar claro que no es lo mismo salir de la crisis con sus políticas que con las del PP. Por eso, volvió a la carga con la propuesta de reforma laboral de los populares, que para Rubalcaba dejará en situación de desprotección a los trabajadores de las pymes y dará "un gusto a la CEOE". "¿Ustedes piden seguridad? ¿ustedes que han dejado que más de tres millones de personas perdieran sus puestos de trabajo? No sea osado".

Rubalcaba volvía a ser aplastado por la realidad. De hecho, Rajoy lo tenía más fácil en este terreno. Se limitó a enumerar los errores del Consejo de Ministros en cuya mesa se sentaba hasta hace tan sólo cuatro meses Rubalcaba. Rebaja del sueldo a los funcionarios, congelación de las pensiones, eliminación del cheque bebé, "dispendio", "engaño"... "No tengo programa ocultó", le espetó Rajoy a Rubalcaba en una de sus interpelaciones. De hecho, Rajoy tuvo que dedicar sus turnos de réplica a defenderse de las "insidias" de Rubalcaba: "Ustedes [en alusión al PSOE] son maestros en decir una cosa y hacer otras. Lo que voy a hacer déjeme que lo diga yo". Ninguna de las explicaciones de Rajoy servía a su rival, que se resistía a soltar a su presa.

Ya en el segundo bloque, Rubalcaba redobló el asedio al candidato popular. La política del PP para educación y sanidad fueron entonces las que ocuparon el centro de todas las críticas del exministro de Interior. Rubalcaba acusó al PP de querer desmantelar, siguiendo la estela de las comunidades autonómicas gobernadas por los populares, el Estado del Bienestar. Tras un descanso y la consulta con los asesores, en la segunda parte del debate Rubalcaba apareció más sereno, con un aire más despierto que al principio, gesticulando menos... y Rajoy perdió el acartonamiento que lo atenazó durante los primeros minutos.

De hecho, pasó a la ofensiva y expuso que políticas sociales, educación y sanidad se basan en una ecuación: a más trabajo, más recaudación vía impuestos y más garantías para el mantenimiento de los servicios públicos. "Es de sentido común", espetó al candidato socialista, "la mejor política social es crear empleo y gestionar bien la economía, y los mayores enemigos de la política social son, sin quererlo, quienes destruyen empleos". Y comenzó a hacer preguntas a Rubalcaba, que fue quien tuvo el monopolio durante el primer asalto.

Rubalcaba se encastilló en criticar la política sanitaria de la Comunidad de Madrid. "Está pasando: poco a poco los hospitales privados pasan a los públicos a los enfermos más costosos y el sistema público quebrará, como ha pasado con la educación".

Rajoy, más desenvuelto conforme pasaban los minutos, retomó su guión: "No voy a congelar las pensiones ni a engañar como ustedes, porque cuanta más gente trabaje, mejores serán las pensiones", incidió de nuevo el popular vinculando el deseo de los españoles, el empleo, con el eje de toda su política; y de paso echó en cara, otra vez, la congelación de las pensiones y el aumento en la edad de jubilación. En medio de este temporal, Rubalcaba logró colar un gráfico con incrementos de pensiones mínimas y una nueva pregunta con lazo, en la que tampoco cayó Rajoy, y que rebuscó en un párrafo oscuro del programa del PP: "¿Va a revisar el Congreso el sistema de pensiones cada dos años?".

Donde Rubalcaba sí logró marcar diferencias fue en la recta final del debate, cuando preguntó dos veces a Rajoy si iba a retirar el recurso contra el matrimonio gay. En la primera réplica, el líder de Génova se salió por la tangente al proponer la reforma de las administraciones para crear empleo... En la segunda ocasión, lo máximo que llegó a decir es que esperará a lo que diga el Constitucional, donde el PP recurrió la norma.

Al hablar de regeneración democrática, los dos candidatos ningunearon al 15-M. Ni una mención en 90 minutos. Como reflexión final, Rajoy ofreció a los españoles "experiencia" para una tarea que "no va a ser fácil". Rubalcaba, por contra, apeló a la emoción. Prometió no "arrugarse" y aunque reconoció "no tener la solución a todos los problemas", confió en que "todos salgamos de la crisis unidos". En lo único que los dos candidatos estuvieron de acuerdo es en felicitarse por el cese de la violencia de ETA que, por primera vez en democracia, ha dejado de ser un problema

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