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Mejor mediadores que "choricillos"

El juez de menores Emilio Calatayud clausura un curso de formación en el que vecinos del Polígono Sur se forman en la mediación de conflictos para evitar llegar al juzgado.

el 16 dic 2014 / 12:00 h.

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Al despacho de Juan Ramón llegan frecuentemente niños que se han metido en peleas. A solas en una sala para que se tranquilicen les pone delante una «hoja de reflexión» con preguntas: ¿Qué ha pasado?, ¿por qué lo ha hecho?, ¿qué esperaba lograr?, ¿cómo cree que se ha sentido el otro?... Por la oficina de Emilio también pasan a diario menores conflictivos a los que les gusta poner delante a las víctimas de sus acciones «porque es bueno que les pongan cara». Juan Ramón Carballo es el director del colegio público Manuel Altolaguirre del Polígono Sur, que hace cuatro años puso en marcha el proyecto Aprender a mediar. Emilio Calatayud es el juez de menores de Granada famoso por sus sentencias ejemplarizantes en las que impone a los jóvenes infractores penas como aprobar el título de ESO. Los dos abogaron ayer por extender la mediación para atajar los conflictos antes de que sea necesaria la intervención de la Justicia. «Mi objetivo es que me dejéis sin trabajo», instó Calatayud a los escolares tras 34 años de carrera y después de haber juzgado a más de 18.000 «choricillos» –término que llamó la atención de los chicos– e incluso «29 asesinatos cometidos por menores». El encuentro se produjo en la clausura de un curso de la Fundación Mediara de la Consejería de Justicia, presidida por Pilar Calatayud –hermana del juez– destinado a la formación de vecinos del Polígono Sur como mediadores ante conflictos entre adolescentes pero también en comunidades de vecinos a cuenta de impagos, la limpieza o el uso de espacios comunes. Domingo Molina, Raquel Vázquez o José Jiménez son algunos de los vecinos que han recibido esta formación. Muchos son voluntarios de una de la asociaciones que trabaja en el barrio, Vencedores, que colabora con los centros escolares para corregir conductas disruptivas de los alumnos mediante actividades deportivas y talleres socioeducativas. Es el caso de Domingo, que reconoce que «como gitanos estamos muy acostumbrados al arbitraje que es distinto a la mediación porque en el arbitraje el mediador impone la solución y aquí hemos aprendido a que sean las partes las que propongan». Pedro Molina, presidente de Vencedores, incide en esta explicación. En la cultura gitana es frecuente acudir a los mayores para que arbitren soluciones en un conflicto «pero con ello no todas las partes quedan conformes mientras que en la mediación sí porque la solución la proponen ellos». «Con la mediación, la mitad de los conflictos que se producen en el barrio se podrían solucionar antes de llegar a los juzgados», asegura Pedro Molina. Precisamente es lo que defiende el juez Calatayud, quien aboga por «desjudicializar la vida». «La justicia de menores ha servido como experiencia, entre 200 y 300 conflictos al año se resuelven por esta vía en cada provincia, sobre todo pequeños hurtos y delitos de lesiones, pero debería ser un paso previo obligatorio en los procedimientos de divorcios o los pleitos laborales», alegó. Por ello animó a los vecinos y alumnos del Polígono Sur a «predicar con el ejemplo y a extender estas técnicas para que los demás amigos y vecinos lo practiquen en las escuelas y en el barrio». Por ahora, en el colegio Manuel Altolaguirre trabajan para que en el recreo en vez de gritos de «pelea, pelea» cuando dos chicos se enzarzan suene el tema que ayer escuchó el juez Calatayud a ritmo de caja y palmas:«Ya llegó la mediación, con el diálogo todo es mejor».

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