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Cultura

Mejor nos vamos a ver una película

La encuesta de hábitos culturales del Centro de Estudios Andaluces constata que la actividad más habitual es ir al cine. Más de un tercio admite que no lee nunca.

el 19 ene 2015 / 16:00 h.

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Espectadores en un cine sevillano con Santiago Segura. / José Luis Montero Espectadores en un cine sevillano con Santiago Segura. / José Luis Montero

En tiempos en los que la crisis ha machacado el consumo cultural, que ha sido en el que más han recortado las familias cuando sus ingresos han caído en picado, llama la atención un dato en Andalucía: los andaluces no han dejado de ir al cine. De hecho, ésta es la principal actividad cultural de los andaluces, hasta el punto de que el 46% ha ido a ver una película durante el último año. Muy lejos queda la asistencia a museos, teatros o conciertos, mientras que en los hábitos de lectura nuestras cifras son igual de malas que la media nacional, ya que un 35% admite que no lee ni libros ni periódicos.

Así se desprende de la encuesta Ocio y prácticas culturales del Centro de Estudios Andaluces, un análisis en el que tras el cine y su 46% aparece la asistencia a una feria del libro (36,8%) o de artesanía (31,6), con la visita a un museo, galería de arte o exposición (27,2%) a continuación. En esta singular clasificación, el teatro empata con los acontecimientos deportivos (25,7%) y luego está el ir a una biblioteca (23,8).

La música no queda en mal lugar en su conjunto, aunque depende mucho del tipo de evento. Se lleva la palma la asistencia a un concierto de rock, pop o hip-hop (16,6%) y le siguen de cerca los espectáculos flamencos (15,8). A una distancia considerable (9,8%) queda el universo clásico: música, ópera, danza, zarzuela...

Con todos estos datos en la mano, la directora del Centro de Estudios Andaluces, Mercedes de Pablos, subraya «la fortaleza del cine, teniendo en cuenta las amenazas que sufre y las tentaciones para que su consumo salga gratis». Y otro dato llamativo es que, como demuestran las buenas cifras en Andalucía de cintas como La Isla Mínima o El Niño, es que gustan las películas ambientadas aquí, y si a eso se añade que «se cuentan historias interesantes y de mucha calidad...».

Se lee poco. La gran asignatura cultural pendiente de los andaluces sigue siendo el leer. «Lamentablemente estamos en los mismos niveles bajos de frecuencia de lectura que el resto de España», con un 35% que admite que no lee nunca, frente a los que sí disfrutan a diario con un libro (28%) o un periódico (22%). Aquí De Pablos introduce el matiz de que estamos asistiendo a un «cambio de formato importantísimo» que no se refleja en las encuestas: la convivencia con las redes sociales, en las que se escribe y se lee mucho, de modo que «hay gente que lee, pero de otra manera». Eso sí, considera que habría que potenciar las bibliotecas públicas, porque «al ahorrar cae la compra de libros y pese a ello no publicitamos que son gratis».

El estudio, enmarcado en la encuesta Realidad Social de Andalucía 2014, analiza también los hábitos de ocio, entre los que resalta que el 41% realiza algún ejercicio físico diario y que el 45% se reúne al menos una vez por semana con amigos o familiares en casa. A esto se le une que el 39% sale de tapas semanalmente, datos que llevan a la directora del Centro de Estudios Andaluces a una conclusión: «No renunciamos al espacio público, lo que demuestra que seguimos teniendo mentalidad de zoco», de ahí que considere que la clave debería estar en saber aprovechar esta circunstancia para potenciar el consumo cultural.

«Sacralizamos la cultura, y eso es matarla», lamenta De Pablos al hacer una lectura personal de la situación. Y para ello pone ejemplos como que el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) carece de tienda, o que para acceder a la del Bellas Artes haya que entrar en el museo y no exista un acceso directo. «Hay que dar facilidades, la gente no renuncia a salir y tenemos que integrarnos», una gente por cierto cuya radiografía cultural según la encuesta «no es desesperanzadora. Gastamos menos en cultura, pero no renunciamos ni a ella ni a la calle».

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