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Mel, el maestro de las jugadas perfectas

Todo o casi todo le sale bien al Betis desde que Mel es su entrenador. En Granada, antes del derbi, nuevo golpe de mano.

el 06 abr 2013 / 00:14 h.

Pepe Mel, el artífice de este Betis. Pepe Mel, el artífice de este Betis. En su camino inevitable hacia el derbi de la revancha, porque en eso piensan Pepe Mel, sus futbolistas y hasta el último de los béticos que hay en el mundo, el Betis hizo parada y fonda en Granada. Parada y fonda y goleada. Inesperada quizá, reconstituyente con toda certeza. Cinco goles como cinco soles para alumbrar su excelente ruta por la Liga y consolidarlo en la lucha por la Liga Europa, la Liga de Campeones y todo lo que se ponga por delante. Y para sumar 47 puntos, los mismos que consiguió al final de toda la temporada pasada. En esta ocasión los ha alcanzado a ocho jornadas para el final, así que el margen de mejora es impresionante. También impresiona el tino que suele tener este Betis de Mel cada vez que alguna duda ensombrece su trayectoria. La cima fue aquella victoria de la pasada temporada ante el Valencia, con dos goles en el descuento, en la noche en que el míster se mentalizaba para ser uno más de los cinco millones de parados que hay en España. En esta ocasión no hay dramas, pero venía el conjunto heliopolitano de dos tropiezos y un cierto bajón en su juego. En Granada tampoco hizo su mejor partido de la era Mel, pero no le hizo falta:Rubén Castro, ese gran incomprendido del balompié nacional, se inventó dos goles y dos asistencias sin necesidad de meter no ya la quinta, sino la cuarta marcha, y el Betis metió cinco goles como si tal cosa. Inyección de puntería y moral en el mejor de los momentos, a siete días del derbi. Dos jornadas antes de la gran cita de la rivalidad, seis jugadores amenazaban con perderse el compromiso del año. Beñat, Amaya y Campbell se quitaron el problema de en medio forzando, perdón, viendo una tarjeta amarilla ante el Getafe. Nacho se cayó del viaje a Granada por una oportuna lumbalgia. Y de los dos que sí estuvieron en Los Cármenes, Adrián no tuvo ningún problema para alejarse de las amonestaciones y Juan Carlos ni siquiera salió del banquillo. Una jugada maestra detrás de otra. Si no fuese porque el fútbol no se rige por leyes racionales ni responde a un guión previo, diríase que la vida de este Betis está escrita la mayoría de las veces por la mano de Mel, que para eso es novelista. Aunque lo suyo es ser entrenador. Del Betis, claro.

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