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Mel y Bosch: cordura y elegancia negociada

Nace una semana agitada por la continuidad de Mel. Mel y Bosch negociarán el futuro del madrileño con administradores concursales y abogados.  

el 21 may 2011 / 20:34 h.

Dos aficionados disfrazados de jeques sonríen junto al palco.

Rafael Gordillo Vázquez asumió la presidencia del Real Betis el 13 de diciembre de 2010. El termómetro de La Palmera se congelaba aquella madrugada de jolgorio opositor y lamento caciquil.   

Desde entonces, y a base de cemento armado e ingenio, ha construido el futuro de una entidad condenada a captar el mensaje de su director espiritual, un Pepe Mel que emite señales de alarma en plena negociación para sellar su continuidad.

El Betis del 13-D es el de Gordillo, del malogrado Gómez Porrúa, de Miguel Guillén o de Pepe Mel, aquel hombre con fama de tipo afable que, una tórrida tarde de verano andaluz, asió la mano de Luis Oliver porque el navarro era el único símbolo de gobierno -o desgobierno- en La Palmera.

Su único pecado, capital para algunos, durante 9 meses fue continuar el juego de rol. Fue, en un alarde de inteligencia temporal, la única forma de supervivencia en una selva de la que ha sabido escapar con elegancia y mensajes claros.

Ha diseñado el Betis de Primera con Stosic y se ha adaptado a los números rojos con la clarividencia que sólo algunos cobijan en su regazo. Ante un Huesca condenado a ser un mero invitado a la fiesta, el madrileño fue aclamado por la afición. Y Gordillo.

La gente, aquella que ha celebrado la catarsis gubernamental y la liberación de los grilletes, dictó sentencia. Un buen puñado de dólares no debe dinamitar un proyecto de unión y confesión. El beticismo se ha desnudado y confiado su mañana a un dúo indivisible.

Será una negociación ardua. Un combate cuerpo a cuerpo. Con mensajes cruzados y deseos presos de las palabras. Mel y Bosch. Su abogada y los administradores concursales. Gordillo y la afición.

Y el beticismo, como aquellas urnas de 1977 preñadas de ilusión, aguardará el desenlace en el patio de butacas. Con la confianza de que por Heliópolis caminan la esperanza y la cordura desde hace un tiempo. Mel y Bosch. Bosch y Mel.       

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