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Memoria de la educación

La restauración de los colegios de la Macarena, ésos a los que la gente llama los Altos Colegios, aparte de plazas escolares en un Casco Histórico muy necesitado de ellas, proporciona a Sevilla el punto de arranque de su educción pública: 1894.

el 15 sep 2009 / 11:40 h.

La restauración de los colegios de la Macarena, ésos a los que la gente llama los Altos Colegios, aparte de plazas escolares en un Casco Histórico muy necesitado de ellas, proporciona a Sevilla el punto de arranque de su educción pública: 1894. Cuarenta años después de que la Ley Moyano estableciera la enseñanza primaria obligatoria en España -que ya llevaba otros cincuenta de retraso con la de Francia- se abrían estas escuelas, construidas con el patrocinio, o sea, con el dinero aportado por la Real Maestranza de Caballería que, con elegancia, no dejó en un azulejo su nombre sino el de la Virgen del Rosario, su patrona.

Hasta entonces la enseñanza había estado, como decía el Diccionario de Pascual Madoz, en un "punible abandono" y había sido, por desgracia, "harto larga tan lamentable época". Escuela y delincuencia eran casi sinónimos pues sólo existían aquellas que, como las del Hermano Toribio o las de San Luis, miraban más a corregir que a instruir.

En Triana la institución ecuestre dejó unas cocinas económicas, las de la Cava, con la misma advocación mariana y así seguiría todo hasta que en 1906 a alguien se le ocurrió ofrecer como regalo de boda a la esposa de Alfonso XIII el proyecto del Grupo escolar Reina Victoria, hoy José María Izquierdo. La II República duró tan poco que sus planes escolares -ya extensos y serios- los capitalizó Franco.

El otro día una encuesta europea nos mantenía a la cola porque el 50% de los españoles de 24 a 64 años sólo tenía educación primaria, como si aquí la enseñanza general y obligatoria hubiera sido una conquista de la Ilustración. No saben que cuando en la Macarena la gente dice ¡Viva la Virgen del Rosario! no es por ningún milagro, sino por haber sido promotora de la construcción.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

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