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Memoria de la República

La estela en memoria de los fusilados en la muralla de la Macarena, por mucha importancia mediática que quiera dársele, quedará en mera anécdota, será uno más de esos hitos -tan abundantes en Sevilla- engullidos por el tráfago al carecer de conexión real...

el 16 sep 2009 / 01:19 h.

La estela en memoria de los fusilados en la muralla de la Macarena, por mucha importancia mediática que quiera dársele, quedará en mera anécdota, será uno más de esos hitos -tan abundantes en Sevilla- engullidos por el tráfago al carecer de conexión real con la sociedad, erigidos por voluntad de unas reducidas élites que, a fuerza de martillear sobre el mismo punto, convierten el pasado en una especie de tosco e informe yunque. Para ellos la república habría sido sólo, y principalmente, un sistema político contrario a la monarquía olvidando el titánico esfuerzo de sacar a España de un atraso secular y endémico.

Aquel estado no fue importante porque derrocara a Alfonso XIII sino porque abolió una monarquía semiabsoluta que impedía el divorcio, el voto femenino, la reforma agraria..., la modernización de España, en definitiva; lo fue porque intentó abrir nuevas perspectivas en todos los órdenes. República era el horizonte que marcaron en esta ciudad -sin contar a sus políticos- los Ojos verdes de Salvador Valverde, el presidente del Sevilla F.C. y del Ateneo Blasco Garzón, Pedro Garfias, Cansinos Assens, Martínez de León, Chaves Nogales, Urbano Orad, la Argentinita, Ortega Bru...

O el entusiasmo social reflejado en el cuadro de Bacarissas sobre su proclamación en Sevilla. Ese lienzo en Francia sería La Libertad guiando al pueblo, de Delacroix, o en México los murales de Diego Rivera, se enseñaría a los colegiales, estaría divulgado en miles de postres; pero aquí, ¿Qué es? Nada. La II República sigue sin tener más iconos que unas pocas banderas usadas lo mismo para un roto que para un descosido. Aquella etapa no está puesta en valor y difícilmente adquirirá esa cualidad recurriendo a los muertos: recordar a los fusilados es justo; olvidar sus avances o su lírica es imperdonable.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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