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Memorias de un veterano

Virgilio Fernández, antiguo soldado republicano, tiene 89 años, vive en Guanajuato (México) y desde hace diez años acude anualmente a su casa en el barrio nazareno de Condequinto a pasar una temporada. Comenta que la razón es que se siente como un elefante "que acude a morir al lugar donde nació".

el 14 sep 2009 / 21:52 h.

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Virgilio Fernández, antiguo soldado republicano, tiene 89 años, vive en Guanajuato (México) y desde hace diez años acude anualmente a su casa en el barrio nazareno de Condequinto a pasar una temporada. Comenta que quizás la razón sea que se siente como un elefante "que acude a morir a donde nació".

Cuenta su historia con un marcado acento mexicano y una memoria prodigiosa, aquella que consigue un hombre que no ve la televisión hasta su jubilación. Entre sus recuerdos, afirma con rotundidad que "no cambiaría su vida por ninguna otra" a pesar de las atrocidades que vio en la guerra. Aún se declara comunista y republicano, ideas que lo llevaron al frente en el año 1936. Se resigna a admitir que Juan Carlos I morirá como rey de España y espera que su hijo Felipe no llegue nunca al trono. Con una sarcástica sonrisa, comenta que durante la guerra, en la batalla de Madrid, durmió en el Palacio de la Zarzuela (residencia de los monarcas) antes incluso de que el actual rey naciera.

A los 17 años ya era teniente, por haber estudiado para ser médico practicante en Cabra (Córdoba). Fue destinado a las Brigadas Internacionales como anestesista y estuvo en todas las batallas importantes de la guerra con éstas. Conoció a Ernest Hemingway en una fiesta en Madrid aunque dice que no le entendió nada porque por aquellos entonces no sabía inglés.

"Nuestra misión como internacionales era atacar cuando se rompía el frente del enemigo y defender cuando se rompía el nuestro", afirma. Lamenta que si tras la batalla de Guadalajara, que ganó el Ejército Republicano, hubieran tenido transportes, incluso podrían haber ganado la guerra. Y es que el Frente Nacional se desarticuló entonces de tal forma que podrían haber llegado al norte, donde estaba el grueso del ejército de Franco, pero carecían de camiones para trasladar la artillería.

Recuerda también que en el frente de Aragón, donde ganaron los republicanos, los anarquistas "se cabrearon" al tomar la ciudad. Habían pasado meses en las trincheras hablando con los nacionales, jugando partidos de fútbol los domingos y ahora "por ganar una batalla perdemos amigos".

En aquella época, en 1938, se publicó un libro, Los judíos en el Ejército Republicano. Entre sus páginas, una foto demostraba que había judíos en las filas de este ejército "tres eran polacos y el otro era yo", explica entre risas. "Llevo muchos años tratando de localizar ese libro, dígale a sus lectores que si alguien lo tuviera me lo haga saber por favor", comenta.

En 1939, estando ya en Barcelona y sabiendo que Franco estaba a punto de entrar, tuvo que asaltar una ambulancia para salir del país con dirección a Francia. Más tarde fue a Nueva York, donde una "pinche vieja" de inmigración le preguntó por qué no estaba en Europa luchando contra los alemanes a lo que él le increpó: "señora, ya estuve en España luchando contra los alemanes, ahora lleve usted a sus hijos a la guerra".

No volvió a España hasta pasados 36 años, cuando aún vivía Franco. Sintió una gran emoción cuando cruzó los Pirineos. En 1975, pisaba España "con mucho miedo" y observó que había también mucho pavor entre los españoles. Le llamó la atención que era un país muy barato para los que tenían algo de dinero. "Me hospedé en el Palace de Madrid y me costó algo así como diez euros de ahora". Con menos miedo volvió de nuevo en 1977, antes de las elecciones, y escuchó emocionado en la Gran Vía de Madrid como un coche ponía la Internacional (el himno comunista). "En el viaje anterior no lo podía ni pensar", recuerda.

Tuvieron que pasar 11 años hasta que volviera de nuevo, esta vez con la España de Felipe González, el presidente que decretó unas pensiones para los veteranos de la Guerra Civil. Vio opulencia y muy buena economía aunque cree que un Gobierno socialista, ampliamente respaldado, podría "haber hecho más por España". Virgilio no pide nada para él ni para su memoria. Como buen republicano sólo le hubiera gustado que se hubiera hecho algo de lo que se empezó en la Guerra Civil. No pudo ser.

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