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Menos cojones y más dignidad

Llevan razón los alcaldes del PP cuando piden la dimisión de Pedro Castro, alcalde de Getafe, como presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias. También es lógico que, ante la negativa del señor Castro...

el 15 sep 2009 / 19:46 h.

Llevan razón los alcaldes del PP cuando piden la dimisión de Pedro Castro, alcalde de Getafe, como presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias. También es lógico que, ante la negativa del señor Castro a dejar su puesto en la FEMP, no quieran asistir a reuniones presididas por él. Todo esto viene motivado como casi todo el mundo sabe ya, porque el primer edil de Getafe, en acto público, llamó tontos de los cojones a los votantes del Partido Popular, más o menos diez millones en toda España.

Habrá quién alegue, y es verdad, que frases peores que ésa se oyen frecuentemente en los corrillos políticos -no hace mucho Bono fue sorprendido por un micrófono indiscreto, afirmando que había mucho hijo de puta entre sus compañeros socialistas en el congreso- y que hay que considerarlo como un exabrupto, sin más importancia, imputable al carácter encendido del señor Castro quién, eso hay que reconocerlo, se deshizo inmediatamente en excusas, al contrario que el diputado de ERC, Tardá, quién había pedido "muerte al Borbón". Ahí es nada.

Puestas así las cosas, parece que todo esto y más, es admisible en el lenguaje, no político, sino politiquero de baja estofa, y que no debe tener otra consecuencia que el reproche público como mucho de los interfectos. Pero no es así, o al menos no lo es en el caso del señor Castro.

Vamos a ver. A Bono, sus propios compañeros diputados socialistas, lo disculparon públicamente. Es decir, los propios afectados lo consideraron como una ocurrencia más del presidente del Congreso. Pues vale.

En el caso del diputado de ERC, debería ser la justicia la que actuase, y también su propio partido que, aunque se denomine republicano, tendrá que considerar si se merece tener a alguien así en sus filas. Puede que sí. Pero el señor Castro insultó a diez millones de electores que, ni lo perdonan, ni lo disculpan, ni lo excusan, ni lo defienden. Y los representantes municipales de esos electores, o sea, los alcaldes del PP, no admiten que el organismo que los aglutina, es un decir, esté presidido por alguien que no sólo insulta, sino que desprecia en público a sus votantes.

Esto no se arregla con excusas, porque todos sabemos que son puro fingimiento y que cuando el señor Castro dijo lo que dijo, manifestó lo que de verdad piensa y siente.

Es decir, que quiénes no lo votan a él o a su partido son unos tontos de los cojones, que deben ser como una especie subhumana, con nula capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo, políticamente hablando.

A partir de ahora la permanencia del señor Castro en la presidencia de la FEMP es un contrasentido, porque no va a dejar de pensar lo que piensa, además de una seria complicación para su funcionamiento. Y su propio partido, el PSOE tendría que hacerle ver que su dimisión es obligada. Menos cojones y más dignidad.

Periodista

juan.ojeda@hotmail.es

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