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Menos lobos, Ruiz Zafón

Me considero una lectora tolerante; por eso mismo, no me avergüenza reconocer que dediqué algunas tardes a leer El código Da Vinci, La catedral del mar, La sombra del viento.

el 15 sep 2009 / 05:58 h.

Me considero una lectora tolerante; por eso mismo, no me avergüenza reconocer que dediqué algunas tardes a leer El código Da Vinci, La catedral del mar, La sombra del viento. Me apetecía conocer el gancho de aquellas historias que captaban a lectores habituales y a profanos en las páginas, más por curiosidad que por ansias de imitación. La primera me convenció como esbozo para un guión de cine, más que como novela; la segunda me aburrió soberanamente; en la tercera sí percibí a un escritor con tensión narrativa y oficio. La historia no me atrapó, y tampoco intuí que el estilo de Zafón se distanciara en calidad de otros muchos autores similares; sin embargo, al menos, el autor se esforzaba por contar. Ellos continuaron vendiendo, y yo a lo mío, con libros que de verdad me interesaban, y cierta sensación de desconcierto.

He defendido la lectura de títulos como los de Brown, Falcones y Zafón, porque estoy segura de que alguien que disfrute con ellos puede saltar a otros libros, y a otros, y a otros, y los índices de lectura no permiten arrojar a la basura oportunidades. Optimista que es una, imagino. Y me han alegrado las ventas elevadas, me han escandalizado las tiradas millonarias, me he divertido con quienes jugaban a malabaristas en el metro, intentando sostener El juego del ángel y, mientras, acercarse a la puerta del vagón, que ya son ganas.

El viernes desayuné con una entrevista, entre el sainete y el homenaje, a Carlos Ruiz Zafón. Ocupaba las dos primeras páginas de cultura en un diario nacional, y elevaban al escritor unos cuantos kilómetros con respecto a los demás mortales.

Sorprendía su dureza: los escritores españoles son, para Ruiz Zafón ?que vive en Estados Unidos, y sólo viaja a España para firmar? y sin excepción alguna, una panda de mediocres con pretensiones, y el talento se limita a los guionistas de televisión.

Él, en cambio, arrasa en ventas con libros poco comerciales. Pienso en la cantidad de buenos autores que aún puedo descubrir, y me ahorro los comentarios.

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