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Mentiras sin besos (3)

La preocupación por la gripe A puede acabar con el besuqueo veraniego, ese placebo animador de la vida cotidiana. Aquí somos dados a los besos para el saludo pero aún más con el calor del sol sobre la piel, la cabeza y otros órganos...

el 16 sep 2009 / 07:16 h.

La preocupación por la gripe A puede acabar con el besuqueo veraniego, ese placebo animador de la vida cotidiana. Aquí somos dados a los besos para el saludo pero aún más con el calor del sol sobre la piel, la cabeza y otros órganos. Pues se acabó, mientras no se descubra el preservativo para la boca, esta debe quedar cerrada lo más posible. Hay que evitar besos y estornudos. Vamos que nos dirigimos a pasos agigantados a la comunicación tántrica.

Lo que nos pide la ministra de Sanidad es que cambiemos nuestra educación, lo que es una novedad porque lo de la urbanidad había pasado de moda. Se perdió entre tantas otras normas a las que -como diría el juez Emilio Calatayud- relacionábamos con el autoritarismo paternalista y dictatorial que sufrimos durante años. Y se nos fue la mano.

Ahora, Trinidad Jiménez crea un nuevo decálogo de comportamiento con cosas elementales como lavarse las manos a menudo o no compartir el agua bendita. Pero lo que más nos afectará es que tendremos que saludar sin dar la mano, sin besarnos, sólo diciendo "hola", lo que alimentará silencios embarazosos o por contra -en el mejor de los casos- un enriquecimiento del vocabulario. Como la Ley antitabaco creó grupos de tertulias en las empresas, estas normas pueden traer imaginativas fórmulas para conversar. Aunque lo seguro es que salir del ritual acostumbrado creará malos entendidos. Recuerdo aquí que Eduardo Punset cuenta que en más del 90 % de los casos no entendemos lo que se nos dice, incluso cuando es la verdad.

Y, para colmo, según el psicólogo Paul Ekman todos mentimos. El niño porque confunde la fantasía con la realidad; el adolescente porque el mundo real le causa frustraciones; el joven por impotencia; el adulto al no superar los obstáculos que le pone la vida engaña para sentirse mejor; y el anciano cuando no se perdona los errores cometidos. Según este experto en una conversación de 10 minutos hay una media de tres mentiras. Pues ahora, sin la coartada del besuqueo, la cosa puede aumentar. Y aunque todo sea más saludable nos traerá un otoño de más mentiras y sin besos.

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